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Noah caminaba por las calles, su gabardina hondeaba al viento mientras su dueño caminaba hacia un establecimiento de aspecto esotérico situado en la parte baja de unas escaleras descendientes en la calle.

En la puerta estaba el nombre del local: El Bebedor Rojo.

El local parecía un bar de mala muerte, con gente bebiendo en las mesas, charlando, riendo, contándose sus vidas......

Se acercó a la barra, en el que un camarero de piel algo pálida y mirada ferrea estaba sirviendo unas extrañamente rojizas cervezas a un par de chicas, que podía ser el motivo por el que el local tenía el nombre, pero que se giró hacia el recién llegado.

-Buenas noches,¿Qué va a tomar?-Preguntó con un tono casi desdeñoso.

-Algo rojo, supongo que no será dificil.-Contestó con un tono sarcástico mientras se sentaba en un taburete alto, viendo a las dos mujeres tan guapas que habían estado allí pidiendo cervezas sentándose en una mesa.

-Claro que no, por eso no nos llamamos El Bebedor Rojo.-Contestó en el mismo tono el camarero, que comenzó a limpiar la barra.-¿Quieres algo de lo que hay en el menú?

-No, porque yo busco......lo bueno.-Dijo con un tono seguro, bajando bastante la voz en las dos últimas palabras, tras lo que el tipo de la barra hizo una seña a una camarera, que se acercó a Noah y lo guió hacia una habitación algo apartada.

Cuando abrieron la puerta, Noah caminó por un largo pasillo de aspecto elegante, en cuyo final había un hombre trajeado de aspecto serio.

-Hola, espero que disfrute de su experiencia.-Dijo con tono serio mientras le abría la puerta al hombre, para ver un lugar lleno de pequeñas habitaciones con pareces finas, que recordaban a las paredes de papel japonesas, de las que salían muchos gritos, en su mayoría de placer.

De aparentemente ninguna parte surgió una mujer atractiva vestida de forma sugerente, que sonrió al hombre de forma amable.

-Bienvenido al Club Privando Bebedor Rojo.-Dijo con un tono cordial.-Tenemos ahora mismo una pequeña selección de mujeres, puede elegir entre una asiática y una latina, dado que el resto están con otros clientes.-Dijo, mostrando en la pantalla táctil de un dispositivo electrónico a dos mujeres muy atractivas casi desnudas.-Tembién puede hacer que tomen algún estimulante químico......

-Drogas.

-Si, al parecer la experiencia con ellas es algo mas intensa si toman algún tipo de psicotrópico o droga.-Explicó mientras hacía un ademán de guiar al hombre.

El paseo duró poco, hasta que llegaron a la pequeña sala en la que había un colchón de aspecto increiblemente mullidosobre el que esperaba una mujer morena de piel olivacea y ojos algo rasgados, que sonreía lujuriosamente.

-Gracias por el paseo, creo que me quedaré con esta.-Dijo con un tono educado a la mujer, que asintió sonriente.-Pero antes, me gustaría decir algo.

-¿El qué, señor?-Preguntó, viendo al hombre sonreír.

-Este lugar ha sido sealado por la Organización para ser cerrado definitivamente.-Dijo mientras sacaba del interior de su gabardina un par de pistola, sobre las que habían grabadas varias runas,  que brillaron cuando dispararon sendos proyectiles sobre la mujer que lo había guiado, que comenzaba a mostrar unos algo alargados colmillos.

Y el caos comenzó, de las pequeñas habitaciones surgieron tanto hombres como mujeres de piel pálida y mirada inyectada en sangre, como la que resbalaba de sus bocas, en las que se podían ver colmillos largos cubiertos de rojo.

Disparó al mas cercano, viendo como la bala recubierta de plata y de la magia rúnica de su arma lo atravesaba, acabando con un vampiro moribundo que tenía convulsiones. Lo malo de ser mortalmente alérgico a la plata y vulnerable a la magia.

Se giró hacia una mujer morena que ahora parecía mas ien un animal rabioso, tenía una herida de bala en el hombro, pero se las arregló para llegar casi hasta su atacante.

Pero no se las arregló para evitar tres balas en el torso.

El caos cesó con la docena de vampiros y un tipo de seguridad muerto por una bala perdida, cambió los cargadores de sus pistolas, tras loq ue inspeccionó el lugar, viendo a tres vampiros heridos, sabía que con esa munición las heridas eran tan letales para esos bichos como si fuesen humanos y balas normales.

Guardó sus armas y salió, recordando que todos los locales que los clanes establecían estaban insonorizados.


Salió del local a tiempo, dado que su movil comenzó a sonar, descolgó.

Era su contratista.

-Señor Hawk, me alegro de hablar con usted.-Dijo Noah mientras caminaba por la calle de forma tranquila.-El trabajo está terminado, este grupo no volverán a ser una amenaza.

-Me alegro de escuchar eso.-Contestó el señor Hawk con una voz tranquila, a la que Noah estaba acostumbrado.-Pero la verdad es que me gustaría que fuese a nuestro edificio de vigilancia para hacerle un chequeo.

Hubo un momento en el que no hubo respuesta, dado que Noah sabía qué debía responder, pero le tentaba mas el qué quería responder, pero, como las últimas veces, se lo calló, la Organización pagaba demasiado bien.

-Bien señor, iré dentro de un rato.-Y colgó, lamentándose por lo molesto que era todo aquello.

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