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Lorek  corrió, viendo como las flechas se clavaban a su alrededor, unas en árboles, otras en el suelo a sus pies,  dos lo intentaron en su espalda, pero en su lugar eligieron el suelo bajo ella.

-Por los Dioses, y yo que pensaba que escoltar a un mago iba a ser sencillo.-Se quejó mientras miraba attrás, viendo como un grupo de soldados armados con ballestas disparaban tras él mientras sus compañeros, vestidos con las ropas de cuero que portaban todos los cazadores de magos del reino, corrían, portando armas de aspecto amenazante.

Miró ahora hacia delante, donde su protegido, vstido con una túnica roída y portando un báculo blanco metálico, parecido a una lanza, pero con mas belleza, estaba apurado, puesto que no quería abandonar a su protector, aunque estuviera tan cerca de la libertad.

Era el honor de los magos, algo extraño, puesto que en muchos feudos y reinos eran temidos y en algunos, que habían abrazado a lo que llamaban Ciencia, los despreciaban como si fuesen seres primitivos, controlando sus actividades de cerca, castigando con la muerte a aquellos que no hiciesen exactamente lo que sus señores deseaban.

Lorek llegó, tras lo que cogió su espada, situada en la funda de su cintura, tras lo que corrió junto a su protegido, sabiendo que una vez hubiera cruzado el viejo puente que había delante serían libres.

Pero las cosas nunca eran tan fáciles.

Frente a ambos había una paraeja de soldados vestidos con uniformes de cuero, estos ya en guardia.

-Estamos perdidos.-Dijo el mago, casi tragándose la frase.

-Me has vuelto a subestimar, ¿recuerdas a los bandidos de aquél paso?-Dijo Lorek con una esperanzadora sonrisa en su rostro, tapado por parte de su larga melena negra, que apartó con su mano izquierda mientras se preparaba, podía escuchar como tras ellos comenzaban a acercarse los asaltantes que los perseguían, asi que no perdió el tiempo.

Se lanzó a por el primero, que, desprevenido, intento clavar su lanza en el vientre de su enemigo, protegido por una camisa de cuero reforzado, fallando y recibiendo una puñalada que atravesó su pulmón izquierdo en consecuencia.

Cuando sacó su espada del pecho de su oponente, lo tomó de una correa del hombro y lo utilizó como escudo ante la estocada de la lanza de su segundo contrincante, al tiempo que hacía una seña a su protegido para que cruzase el puente.

Miró como el cazador de magos había soltado su lanza y desenfundado un par de dagas, entonces comenzó un duelo de verdad.

Lorek, evitaba los intentos de su enemigo por acabar con su vida mientras esperaba que su adversario, que se notaba habituado a enfrentarse a magos y no a guerreros , comenzaba a crear aberturas, hasta que descubrió una en su clavícula izquierda, que Lorek aprovechó sin dudar, acabando con su enemigo de un brutal corte que casi acaba partiendoa su enemigo.

Miró la masacre que había hecho y sonrió.

Esto es lo que un Lorek debería ser, una pena que hubiera dejado la orden antes de haber ascendido más todavía.

Miró tras él, viendo como llegaban sus contrincantes, se preparó para luchar más, pero recordó su propósito y, en lugar de acabar con sus enemigos, huyó hacia el otro lado del puente, en elq ue lo esperaba su protegido, con una mirada alegre y temerosa a la vez.

Corrió, corrió durante unos segundos, en los que veía a su protegido preparar lo que parecía ser un conjuro, a judgar por las extrañas y arcanas palabras que notaba a su alrededor, sintió como una flecha fue desviada por la armadura que protegía su brazo derecho, agradeció a Rukdauss el haberla obtenido cuando ascendió de caballero a Lorek.

Corrio el último metro hasta que de un salto abandonó el puente, viendo como un par de cazadores de magos armados con hachas que estaban a punto de matarlos a ambos salieron repelidos junto con parte de las piedras del puente hacia atrás gracias a una poderosa ráfaga de viento, que, tras desvanecerse, el protegido de Lorek se desmayó.

El guerrero se levantó, vieno como las piezas de su armadura que tanto le había costado obtener estaban en perfecto estado, miró hacia sus contrincantes mientras envainaba su arma con cara de satisfacción.

Ahora solo tendrían que tomar caminos separados y vivir como tuvieran que hacerlo.

Capítulo Uno: El inicio de un viajeEditar

Lorek se despertó en el tranquilo prado que había encontrado hacía dos días, miró hacia su arma y su bolsa llena de oro, el pago de un mago por una libertad que sería cuestión de tiempo que volviera a ser perdida, el guerrero susporó, recordando como abandonó su anterior vida el día que ingresó en la orden de guerreros arcanos mas poderosa de casi todo el continente.

Los Hijos de Rukdauss, el Dios de la Muerte y las llamas primigenias.

Suspiró mientras se levantaba, hacía días que no había tomado algo decente para comer, y su estómago clamaba por carne asada.

Miró hacia la parte baja de la colina, viendo una aldea pacífica y hermosa, le recordaba a su hogar antes de que lo dejara a los doce años para ingresar en los Hijos.

Fue hacia ella, guiada por la melancolía y un estómago vacío.

Llegó al poblado, viendo una escena tranquila, miró a su alrededor, sabía que la gente como él destacaba, comprobándolo al ver como todo tipo de personas se giraban para observar al recién llegado mientras avanzaba hacia la taberna, el único edificio que parecía bullir de ajetreo.

Entró por la puerta para ver una escena animada, un par de personas bebían en la barra mientras grupos enteros devoraban piezas de carne en sus mesas, pero se fijó en una mesa vacía situada en una esquina.

-Parece que tenemos a un chico nuevo....-Dijo alguien en una mesa.

-Y parece una mujer.-Cómentó otro mientras Lorek se sentaba en la silla, que chirrió levemente bajo el peso del joven.

Una camarera atractiva de traje sujerente se aproximó, llevaba el pelo en un par de trenzas oscuras.

-Hola Guapo,¿qué vas a tomar?-Preguntó con una voz suave y un acento que resultaba atractivo, debía ser de algún reino feudal del centro del continente.

-Carne, a ser posible cocinada.-Contestó el guerrero, sonriendo a la atractiva muchacha, que se fue hacia las cocinas con la sonrisa mas bonita que ninguna camarera de tabarna pudiera tener.

-Parece que le gustas a Khisa.-Dijo un hombre de entre los tres que se sentaron de improviso junto a Lorek, que miró con desdén a los que no fueron invitados.

Vestían ropas simples, con algunas protecciones de cuero colocadas en lugares estratégicos, se notaba por su aspecto desaliñado y sucio que eran bandidos.

-Eso es un misterio, como el saber cuando pensaste por última vez.-Dijo, viendo como los dos compañeros se reían, haciendo que la expresión arrogante del hombre se tornara furibunda.

El resto fue rápido, el hombre desenfundó un puñal, que envió directo al estómago de Lorek, que paró el ataque sujetando por la muñeca al asaltante y desarmándolo, para arrebatarle el puñal y clavarlo en la mano que lo sostenía, uniéndola a la mesa con un horrible grito de dolor, que hizo levantarse a casi todos los presentes, unos por sorpresa o miedo, mientras que otros, armados con pequeñas armas, que desenvainaron, miraron amenazantes al guerrero, pero no hacían nada, puesto que sabían que alguin capaz de hacer algo con esa técnica era peligroso.

Y no se equivocaron, ya que, cuando el hombre acuchillado extrajo el puñal de la mesa, intentó nuevamente atacar con él a su víctima, que tomó por la mano herida a su atacante, paralizando su acción y creando en él una mueca de dolor, para finalmente lanzarlo al suelo.

-Parece que hoy tampoco has pensado, amigo.-Dijo Lorek con un tono condescendiente mientras retomaba su actitud anterior a todo aquello, viendo como el trío se iba, posiblemente a buscar a algún matasanos o a ponerle algún hugüento de plantas curativas.

Al rato llegó su pedido en forma de una pieza de cordero asado de alrededor de un kilo, que Lorek no dudó en atacar sin siquiera dignarse a tomar el cuchillo que había en el plato de madera.

-Espero que lo disfrutes, es cordero de los pastos del norte, cerca de aquí.-Dijo la camarera con un tono alegre, posiblemente al estar acostumbrada a peleas que se debían dar de vez en cuando.

-Descuida.-Contestó con los labios goteantes del jugo de la carne que acababa de comer.-Es lo mejor que he comido en meses.-Dijo entre bocado y bocado.-Por cierto,¿cuánto cuesta?

-Una moneda de oro.-Dijo, provocando que Lorek, sorprendido, dejase lo que quedaba de su comda en el pato.

-¿Una moneda de oro?¿Por esto?-Preguntó con un tono fuerte y amenazante mientras se ponía de pie, escuchando como algunos de los individuos armados hacían lo propio.

El lugar debía ser muy querido en la región.

-Si.-Respondió desde un par de pasos de distancia.-Hace unas semanas llegó el pastor que normalmente trae los corderos para las semanas, diciendo que algo pasaba en el reino de hielo o algo así, y que como todo ese lugar se estaba volviendo peligroso no volvería hasta ver que la cosa era segura y que su aldea estaba bien.-Explicó la camarera, dando un respingo cuando Lorek tomó la pata de cordero a medio comer con su mano izquierda mientras farfullaba algo, para luego ver como una moneda de oro volaba hacia ella junto a un par de plata.

-Lo que cuentas suena interesante, además, hubiera pagado dos si lo huieras pedido.-Dijo mientras se iba, rumbo a un sitio que le prometía una batalla en condiciones, o es se imagnaba en su mente, recordando aquella vez que purgó una aldea infestada de no muertos comandados por aquél hechicero resucitado.





Lorek caminaba por elb ello bosque que tenía ante él, hacía dos días que dejó la aldea y no dejaba de asaltarle un mal presentimiento desde que decidió ir al norte, aunque lo ignoraba, recordando los dojmas de Rukdauss como pasatiempo.

Hata que un ruido en la vegetación le hizo olvidarse de estos.

Y fue rodeado por un grupo de criaturas humanoides, parecían personas, aunque no lo sabría decir, dado que llevaban ropas oscuras que le impedían discernir si eran o no humanos.

-¿Quién va?-Preguntó uno de ellos con voz ronca pero melodiosa.

-Soy Lorek.-DIjo con seguridad, para ver como la figura que le hablaba, ataviada con ropas oscuras y de aspecto firme y ligero, que ocultaba su cara tras un pañuelo de tela y una capucha, se deshizo de ello, para dejar al descubierto una cara bella, marcada sin duda por la guerra, tenía una barba oscura y marcada, que acentuaba sus facciones.

-Eres un tipo valiente....Lorek.-Dijo, terminando con un tono burlón, parecían desconocer el sistema de rangos de los Hijos.-Pero este lugar es peligroso, un grupo de orejas picudas anda por este bosque.-Advirtió, refiriéndose sin duda a algún grupo de elfos pequeño, puesto que uno grande sería virtualmente invencible para un puñado de tipos, por muy bien entrenados que estuviesen.

-Eso se agradece, pero no te preocupes, se cuidar de mí mismo.-Contestó mientras avanzaba hacia las profundidades del bosque.

-¡Di lo que quieras, pero y ya he cumplido lo que me han encargado!-Gritó el hombre antes de que Lorek lo perdiera de vista.

Caminó por lo que parecían horas, dado que el frondoso follaje de los árboles casi impedía quela luz solar de lo que quedaba de día se filtrase, creando una penumbra inmensa.

Llegó a un lugar de aspecto agradable, que invitaba a descansar, cosa que hizo, apoyando su espalda contra un arbol de aspecto macizo, en el que se sentó mientras intentaba relajarse.


Despertó de una manera que no había experimentado en casi ninguna ocasión.

-Padre.-Dijo una muchacha de pie frente a él, portaba ropas cómodas poco mas que un poco de cuero en las zonas vitales, con una capa de tela oscura, casi negra, que resaltaba la piel blanca y el pelo de un color marrón, casi caoba de la joven.-Perece que el chico está despierto.

-Bien.-Respondió una voz masculina, Lorek se levantó, para ver a un hombre de pelo blanco y mirada vieja, que estaba sentado en el tronco caído de un arbol.-Buenos días, joven.-Dijo con un tono amable, aunque se notaba que parecía dolorido y agotado.-Soy Ujtrauiel.-Dijo con un tono hospitalario, raro de escuchar entre los elfos.

-Encantado, soy....

-Un Lorek, lo sé.-Contestó.-He visto a algunos de los de tu orden a lo largo de mi vida.

-Entonces las presentaciones sobran...

-Si.-Dijo secamente mientras se levantaba, los elfos de su edad, que debían ser casi ancianos, parecían tener poco mas de treinta años, quizá cuarenta como mucho, aunque en realidad podía tener cientos.

Ser un elfo tenía que ser algo extraordinario.

Un tenso silencio se hizo mientras Lorek se levantaba, estaba mirando a la joven, que parecía una la belleza personificada, dejó de hacerlo cuando el hombre carraspeó.

-He escuchado rumores sobre vuestra orden, que sois guerreros de honor.-Dijo mientras se levanta ba y acercaba, apoyando parte de su peso en un bastón blanco de madera, en el que había tallados varios símbolos.-Y por eso me gustaría pedirte algo.-Dijo cuando ya estaba a un brazo de distancia.

En ese momento Lorek tragó saliva, sabiendo que eso sería algo malo.

Fue mucho mas extraño de lo que pudo imaginar.




-Esto es una mala idea.-Comentó la muchacha de orejas puntiagudas mientras Lorek se agazapaba en unos arbustos, viendo como un ciervo bebía de un estante.-Este lugar está lleno de malas influencias, si matas a algo aquí, puedes enfurecer a algún espíritu.-Dijo, viendo como el guerrero se tensaba, listo para atacar.

-Bueno, tu ganas, pero no quiero que acabemos volviendo a dormir de vacío.-Se quejó Lorek mientras se levantaba pesadamente, alertando al ciervo que, tras mirar a sus anteriormente cazadores, huyó con un par de energéticos brincos.

Volvieron al claro mal acomodado para servir de campamento, la elfa se sentó en un cúmulo mullido de hojas, el hombre se quedó de pie, mirando a su alrededor.

Era un claro tranquilo, con árboles que desviaban parte de las corrientes, era un lugar agradable, aunque debían dejarlo para llegar antes de que se acabara el tiempo, después de todo, prometió llevar a la chica a un asentamiento de elfos errantes que se habían establecido allí.

-No se por qué  te ha elegido, los de vuestra orden son unos guerreros peligrosos y temidos, sobre todo por sus enemigos. Pareceís unos bárbaros.-Dijo con desdén, era el quinto día de viaje y no había parado de quejarse desde entonces.

-No voy a discutírtelo, despues de todo, yo los conozco mejor que nadie, aunque no puedo estar de acuerdo con lo de que son unos bárbaros, ya que los que utilizan sus habilidades demasiado pueden sufrir sus consecuencias.-Contestó sinceramente, intentando mantener el juramento que hizo al abandonar su orden de no desvelar sus secretos. Todavía recordaba lo que le pasó al último que lo incumplió y fue descubierto.

Archer by slipgatecentral

-¿Son?-Preguntó extrañada, siendo la primera vez que escuchaba al guerrero sin intención de replicarle el comentario.-¿No estás con tus....hermanos?

-No, la verdad es que comprendí que, aunque las creencias del culto a Rukdauss me dieron un rumbo, como a muchos hermanos, no tenía que ajustarme a todas las normas de la orden, en especial las mas duras.-Comentó, cuidando sus palabras.

Se hizo un silencio, Lorek miró a la elfa, cuyo nombre todavía no conocía, dado que se lo había negado desde el primer momento, llegando a cortar a su padre, diciendo que un bárbaro no debía conocer un nombre de verdad.

Puede que fuese así, pero ella tampoco sabía su verdadero nombre.

Eso lo consolaba un poco, creando una sensación de tablas con ella.

Una ensación que sabía tarde o temprano desaparecería.


Entonces escucharon un ruido fuerte, parecía provenir del norte, ambos se giraron alertados, Lorek desenfundando su espada y la elfa preparando su arco de madera finamente tallada y de aspecto flexible, en el que había puesto ya una flecha de madera con punta de hierro.

-Parece que hay algo.-Dijo el guerrero, que se tensaba, listo para atacar.

-Puede que sea algún tipo de hombre bestia, mi padre me contaba que en sus migraciones al norte, el clan se encontraba con algunos grupos de ellos.-Comentó mientras miraba hacia los lados con cierto nervioismo.

El momento de tensión se rompió cuando un hombre peludo, con grotescos rasgos humanos y animales mezclados de la forma mas extraña posible saltó de los arbustos, vistiendo ropas primitivas y portando un hacha de piedra.

Antes de que el guerrero pudiese cortar a su enemigo, este cayó herido cuando recibió una flecha en el pecho.

-Gracias chica.-Dijo el guerrero, que se acercó al salvaje, que parecía haber pasado por una experiencia traúmatica incluso para lo que debían ser sus vidas.-Pero parece que lo has ayudado más a él.-Comentó mientras se agachaba,p para ver mejor al recién fallecido.

-¿A qué te refieres?-Preguntó la muchacha, que se aproximó mientras se colocaba en la espalda su arco de fina manufactura.-A mí me parece un ser bastante normal....para lo que suelen ser.

-Y a mí, pero la verdad es que, aparte de que tiene una especie de presencia sombría, no parece pasarle nada más.-Comentó de forma sincera y casual.

-Bien.-Dijo mientras se levantaba, envainando su espada.-Tenemos que investigar esto, ya que si permanecemos en la zona mucho tiempo, podría ser peligroso.-Argumentó mientras caminaba en la dirección de la que surgió el ente salvaje que lo atacó.


Caminaron durante casi una hora en silencio, la elfa quería preguntarle a su supuesto protector el por qué tenían que ocuparse de asuntos tan triviales, pero no lo hacía, dado que pudo ver que, aunque no luchara, Lorek tenía una experiencia en combate, cosa que demostró al ponerse enuna postura de combate antes, pese a que no lo parecía en absoluto.

-Paremos, a partír de aquí ten cuidado, y si tienes algún tipo de pócima o hungüento que te protega de magia negra, es hora de utiliarlo.-Dijo con un tono seco y serio, como si viera algo dificil de explicar, la muchacha estuvo a punto de preguntar el por qué, pero no lo hizo, así tendría algo de lo que hablar durante algunos días de viaje.

Se internaron todavía mas en el bosque, que parecía sombrío y pantanoso, cada vez mas a medida que caminaban, hasta que un coro desordenado de crujidos y sonidos lastimosos que parecían rodearlos.

La mujer desennvaínó su cuchillo y su espada, ambos con una ligera curvatura en su hoja, el guerrero hizo lo propio con su espada, listo para el combate, recitando para sí viejas plegarias para con su Dios.

No eran para él, ni para su compañera, eran para sus enemigos, fuesen lo que fuesen.


El sonido se aproximaba, junto con un ruido creciente de pasos, que siguió creciendo hasta que sus creadores pudieron ser vistos.

Eran seres pútridos, una mezcla entre cadaver y arbol que les daba una apariencia aterradora, tambaleaban mientras miraban a los extraños guerreros que no habían huido ante ellos, tras unos segundos, se lanzaron en un nervioso y mal equilibrado asalto contra ellos.

Uno de los hombres arbol recibió un corte que casi lo decapita, haciéndolo parar, para caer cuando la elfa le propinó una patada.

-Estos tipoos no mueren.-Comentó la elfa, que golpeó con una patada en el pechod e otra criatura, haciéndola retroceder unos pasos.

-Puede que no sean exactamente lo que deberían ser.-Respondió Lorek.-Me parecen mas espíritus del bosque que otra cosa, aunque ahora no se qué pueden ser.-Concluyó mientras partía a uno por la mitad de un brutal bandazo de su espada, solo para ver como unas raíces volvían a unir ambas mitades del cadaver recubierto de verde.

Ambos se retiraron en el bosque, viendo tras ellos el número de enemigos, que superaba la docena.

Pararon tras una carrera ininterrumpida de cinco minutos, que los separó de los seres y permitió a ambos tomarse un respiro.

-¿Qué era eso?-Preguntó la elfa con un tono preocupado y furioso.-Pensaba que vosotros eraís un grupo de paladines de un diós, pero...-Iba a continuar, pero al ver la mirada del hombre calló, sabiendo que lo había incomodado. Quizá demasiado.

-No lo sé, pero de lo que estoy seguro es que cualquier arma que no esté imbuida en un poco de magia será casi inutil, y no creo que podamos adivinar su punto flaco por las buenas.-Dijo el guerrero, que se apoyó sobre un roble de aspecto macizo.

-Entonces solo tenemos que atacar con magia.-Dijo la mujer con un tono esperanzador mientras guardaba sus armas blancas y preparaba su arco, en el que colocó una flecha llena de runas extrañas.

Lorek sonrió, ahora ya no tenía que preocuparse de la seguridad de la muchacha.

Volvieron sobre sus pasos, el guerrero delante, preparado para todo, mientras, varios metros tras este se encontraba la elfa, que tenía su arco y flechas listos para el combate.

Y encontraron a sus enemigos, que parecían estar ocultándose entre la maleza, pero que dejaron ese intento cuando vieron auss presas, lanzándose a por ellas.

-Ahora.-Dijo con un tono fuerte Lorek, que preparaba su cuerpo para el combate.

La elfa disparó su flecha, cuyas runas grabadas brillaban de color azulado mientras surcaba el aire, hasta clavarse en el pecho de uno de los seres, generando una onda de gélida luz azulada que congeló a ese ser, que mas tarde fue destruido cuando recibió un fuerte golpe del guerrero, cuya armadura y armas, ademas de algunas partes de su cuerpo comenzó a iluminarse con un tono sineistramente rojizo, que culminó cuando la espada se imbuyó en llamas.

El guerrero cortó por la mirad al guerrero mas cercano, viendo como el fuego místico que su Dios le había otorgado, junto a algunos otros dones, calcinaba a su enemigo, viendo como no podía regenerarse.

El poder de Rukdauss era imposible de eludir. Imposible de vencer.

Se giró para acabar con un enemigo de un llameante espadazo, para en su lugar romper otro cuerpo congelado, que, tras hacerlo, vio a su compañera tumbando con un par de diestros golpes a una criatura, a la que, tras alejarse un poco, congeló con otra flecha rúnica.

Cuando acabaron con sus enemigos se reunieron. El color rojizo brillante de las piezas metálicas de su armadura, de algunos puntos en su piel y de su arma se apagaron, haciendo que Lorek tuviera durante un par de segundos un gesto plácido en su rostro.

-¿Qué ha sido eso?-Preguntó la elfa.-Pensaba que eras un guerrero, no un mago.

-Soy un guerrero, pero uno bendecido por Rukdauss, Dios de la muerte y el fuego primordial, y lo que acabas de ver es una parte de los dones que este me ha otorgado.-Comentó mientras guardaba su arma, comprobando que esta, como las partes que se habían iluminado, estaban humeando levemente.-Aunque estos dones no están exentos de inconvenientes.-Dijo, antes de caer de culo al suelo torpemente, riéndose entrecortadamente, pero viendo la mirada extraña de la elfa, que no sabía si identificar como de desconfianza, preocupación, enfado, o, simplemente, una mezcla de todas ellas.

-Eso ha sido extraño....y peligroso.-Dijo mientras tendía su mano.-Intenta no repetirlo, parece que duele mucho.-Dijo mientras ayudaba a levantarse al humano, que sonrió mientras se apartaba parte de su melena negra.

-Y lo hace.-Dijo mientras comenzaba a avanzar.-Nada es solo ventajas en este mundo, recuérdalo.-Dijo el guerrero que comenzaba a dejar de humear mientras caminaba hacia el origen de todo eso.



Caminaron por donde ya habían huido, sin encontrar resistencia alguna, internándose en el bosque mas y mas, hasta que encontraron lo que buscaban

Era un claro, adaptado con columnas de madera talladas con runas extrañas y símbolos de aspecto maligno, de los que manaba un humo verdoso pese a no estar ardiendo, tambien habían varios útiles en una mesa improvisada, junto a la que había otra en la que había esqueletos casi completos de lo que una vez debieron ser guerreros de algún lugar.

Entre todo esto se encontraba sentado un hombre viejo, que parecía estar rodeado por una capa de miedo.

Vestía ropas viejas, que tapaban el cuerpo envejecido y enjuto del hombre, que alzó la mirada entre su capucha vieja y descosida, que dejaba ver parte de un cuerpo parcialmente descompuesto, en cuya frente había una piedra circular grande incrustada en ella, que lucía aterradora con su brillo violaceo, al igual que el de los ojos del hombre.

-Visitantes.....-Dijo con voz de ultratumba mientras se levantaba, ayudado por un báculo de madera en cuaya parte superior había un craneo humano, sujeto por loq ue parecían raíces o ramas.-Venid a compartir una bebida, seguro que sois mas amables que aquél desagradable hombre bestia, ¿verdad?

-Puede, pero nos gustaría preguntarte algo.-Dijo el guerrero,que se aferró a su espada con su mano derecha mientras que consu mano izquierda se ponía su capucha, generando una reacción de enfado y sorpresa en el hombre anciano.-¿Cómo quieres perder la vida, nigromante cadaver?


Lorek se lanzó a por el nigromante, viendo como mas cadáveres arboreos surgían de los alrededores, siendo algunos abatidos por las flechas rúnicas de la muchacha de orejas puntiagudas.

El guerrero intentó golpear al nigromante, cortando parte de la túnica roída del mago, viendo parte del cuerpo pútridode su adversario, que pronunció una serie de palabras, que provocaban que una bruma negra se aremolinase entonrno a él mientras evitaba con una sobrenatural agilidad los precisos golpes de Lorek, hasta que la bruma se condensó y liberó en forma de una honva que tumbó al guerrero que, al caer, pudo ver como su compañera, pesea estar muy lejos de estar derrotada, parecía comenzar a tener complicaciones.

-Visitante......-Dijo el nigromante mientras apuntaba con el craneo del báculo al rostro de Lorek.-Eres parte de esa orden de ese Dios de la Muerte que abandonó la oscuridad bajo la luz de su fuego........Pero podrás comprobar que ni su bendición te impedirá morir bajo mi mando, y revivir bajo el mío.-Dijo con un tono asmático, resoplando y ahogándose con cada frase.

Eso era blasfemia, nadie podía manipular la la muerte a su antojo salvo su señor, eso era una verdad.

Una verdad sobre la que los nigromantes y su magia escupían.

Lorek se flexionó, llegando a propinar un golpe con la planta del pie al mago, que cayó descentrado al suelo mientras el guerrero rodaba sobre si mismo, aferrándose a su espada y levantándose, para pisar el pecho del mago mientras intentaba levantarse.

-Tienes razón, mi dios se apartó de los demás dioses de la muerte por una razón.-Dijo mientras cortaba la mano del nigromante resucitado, que sujetaba el báculo.-El no juega con las almas como muchos de los demas dioses......o como tú.-Dijo mientras levantaba su espada con ambas manos, viendo el gesto de terror que se formaba en la seca y hundida cara del nigromante, el guerrero la ignoró mientras hundía su arma en la gema brillante que tenía en la frente.

Por un momento un fogonazo de luz violeta inundó el lugar, bañando al guerrero, que intentaba mantener la compostura pese a la oleada depoder que intentaba sacarlo por los aires, bañando a la elfa, que estaba a punto de ser atacada por la espalda sin poder reaccionar a ello, bañando a todas las criaturas que el nigromante creó.


Pasaron unos segundos, devolviendo la situación a un entorno real, Lorek sacó la espada de la cabeza del hombre, para ver a la joven junto a varios cadáveres que parecían nuevamente muertos, miró a su alrededor, viendo que las criaturas del nigromante, todas ellas, estaban muertas.

-Gracias, mortales.-Escucharona mbos de todas partes, como si el bosque les hablara.-Nunca podremos agradeceros esto, pero po deís considerar este lugar como un segundo hogar para ambos por siempre.-Escuchó decir antes de que las voces fuesen arrastradas por el viento.

Ambos se miraron, casi se sonrieron el uno al otro, aunque no lo hicieron, dado que el guerrero comenzó a caminar, deseando alejarse de ese lugar cuanto antes, seguido de la elfa, que parecía desearlo más, si eso era posible.









Taberna

-Quince monedas de plata.-Dijo el posadero, que rascaba su horondo trasero como si la petición de la pareja no fuese nada.-Si no os gusta, puedes dormir al raso, a la chica, si le apetece, puede dormir en una habitación, la mía para ser exactos.-Dijo a continuación, para recibir un puñetazo en el estómago y caer rendido por el golpe. Era el quinto de la pequeña ciudad de Retirgahm en sufrir la ira de la muchacha de orejas puntiagudas.


-podías haber sido algo mas amable, recuerda que en una ciudad es peligroso dormir al raso.-Le reprendió el gruerrero a la mujer, que seguía reacia a lo que Lorek sugería.

-Eso es imposible, humano, nuestra historia está llena de momentos oscuros por vuestra culpa,¿y esperas que aguante esas frases tam vulgares?-Dijo con un tono orgulloso, de forma que casi hace sentir a Lorek culpable.

-Lamento eso, pero reconoce que podías dejarme negociar a mí, recuerda que yo he estado en mas ciudades que tu.-Le dijo de forma sincera.-Y tenemos que quedarnos aquí unos días, hasta que los hombre bestia dejen de guerrear y los soldados que han enviado los oblguen a huir, estamos atrapados.-Explicó mientras ambos se dirigían a la última posada de la ciuadad: El Lobo Muerto.

Entraron, viendo en la planta baja lo que era una taberna de ambiente cordial, en el que un grupo de guardias de la ciudad se emborrachaban y cantaban a coro para desgracia de los allí presentes, que charlaban y se divertían mientras comían y bebían.

-Este lugar parece alegre.-Comentó la elfa, que pasó por el lado de una camarera que flirteaba con un cliente para sacarle algo de dinero de más.

-No está mal.-Dijo Lorek, que miró a una camarera morena de pelo largo y trenzado que le guiñó el ojo mientras esbozaba una sonrisa lujuriosa.-Esta vez negociaré yo.-Dijo mientras se acercaba a un hombre que vestía unas ropas de cuero simples pero a la vez algo elegantes, que hablaba con un par de empleados del lugar.

El dueño, un hombre fornido vestido con ropas simples sobre las que había una pequeña placa de cuero de aspecto elegante, saludó a los recién llegados con animosidad.

-¡Bienvenidos a El Lobo Muerto!-Dijo casi de forma ensayada, aunque natural, mientras él y Lorek se miraban.-Deduzco que han venido a pasar la noche, tengo una por quince monedas de plata que....

-No tenemos tanto para gastar en una habitación.-Mintió Lorek, que todavía conservaba gran parte del oro que aquél mago le pagó hace algunas semanas por su lberación.como mucho podemos pagar diez de plata y veinte de cobre.-Dijo haciendo gestos casi instintivos con las manos, sin poder evitarlo.

-Eso es bastante poco, pero dado que es practicamente de noche y todo es tan peligroso estos días......-Dijo pensativo.-Acepto.

Y se cerró con un apretón de manos.


-Esta será su habitación, pareja.-Bromeó la camarera que los guió hasta la austera habitación, en la que solo habían un taburete, un cubo y una cama de aspecto duro.-Espero que descansen y que La Sombra no os lleve.-Dijo mientras se iba, antes de que la mano de Lorek en su hombro la detuviera.

-¿La Sombra?-Preguntó con interés.-Me gustaría saber sobre ese tema.-Dijo mientras hacía un ademán de que entrase en la habitación.

La sombra apareció hace algunos días, es un ser maligno, un monstruo que asesina a gente y la devora en las calles, e incluso se dice que ha llegado a colarse en casas para intentar devorar a sus ocupantes.-Dijo, terminando el comentario bajando la voz, casi temerosa de que el ser la escuchara.

-Gracias, era solo por saberlo.-Dijo con un tono amable, mientras la invitaba a salir.-Pero, si me disculpa, tengo que descansar.

Una vez cerrada la puerta miró a la muchacha, que parecía saber lo que estaba a punto de pasar.

-Humano, sabes muy bien que tienes una misión, de la que ya nos hemos desviado mucho, y eso me ha costado muchas flechas valiosas de mi clan que....-Dijo, callando cuando el hombre se ponía la capucha y abría la ventana de la habitación.

-Lo siento, pero, aunque no esté en la orden, sigue siendo el deber de cualquiera con algo de honor acabar con seres oscuros que matan inocentes.-Y tras esa frase de aspecto heroico, saltó de la ventana, rodando al caer, para levantarse y caminar, ajustando nuevamente su capucha.


La ciudad de noche era silenciosa, escuchándose como mucho el ruido de gatos y otros animales de aproximadamente el mismo tamaño, Lorek caminaba silenciosamente, siguiendo su instinto, que le decía que andaba por buen camino, o malo, dada la horrenda reputación que esa......Sombra parecía tener.


Llegó a una calle de aspecto tranquilo, en laa que vio caminando a un guardia de ropas de cuero tachonado a modo de armadura además de un casco del mismo material, portaba una lanza  y caminaba con paso algo inseguro, al ver a Lorek apuntó al guerrero con su lanza.

-¿Quién va?-Preguntó con nerviosismo, se notaba que la leyenda era real.

-Soy Lorek, y estoy intentando cazar a esa Sombra de la que tanto se habla.-Contestó, provocando en el guardia una leve tranquilidad, que lo hizo volver a su posición tranquila.

-Entonces aceptamos la ayuda.-Contestó.-Ya son cinco días desde que comenzó todo esto, todo por dejar entrar a refugiados del norte...-Se quejó a continuación.

-¿Teneis algún sospechoso?

-No, que tenga entendido, el capitán ha sellado los edificios en los que están los refugiados, pero no a impedido que siga muriendo gente.

-Entiendo.-Dijo Lorek, que dejó en paz al guardia mientras se formaba una idea de lo que sucedía.


Caminó hacia una zona de la ciudad que había visto al llegar, era un edificio en el que los curanderos locales vendían bálsamos y trataban a algunos heridos o enfermos, pero que parecía tener algo oscuro a ojos del guerrero.

Caminó hacia la puerta, cuyo marco estaba iluminado por la luz de unas velas, para golpear con el dorso de la mano la puerta.

No hubo respuesta.

Tras esto sacó de un pequeño bolsillo de su cinturón un amuleto circular en elq ue había una runa, que comenzó a brillar, demostrando sus sospechas y alegrándose porque había acertado a la primera.

-Bien, zanjemos esto para no arruinarme con la puta posada.-Dijo para sí, cogiendo confianza a su vez, confianza que se expresó en una brutal patadaque soltó la puerta de madera algo vieja, cuyas uniones semioxidadas cedieron, soltando la puerta y haxiéndola caer, dejando ver un lugar tranquilo, aunque bastante mas lúgubre de lo que podría pensarse.

El lugar estaba lleno de plantas encerradas en tarros, que también encerraban hugüentos de aspecto asqueroso, además de otras cosas de las que Lorek evió acercarse por lo sumamente desagradables que parecían.

Pero no centró su atención en ninguna, para hacerlo en  una mesa que parecía acomodada para que los enfermos se tumbaran, en la que había sangre, mucha sangre.

-Parece que esa cosa está por aquí.-Dijo, mirando como la runa del amuleto brillaba con gran intensidad, confirmando que ese era el lugar correcto.

-No lo parece.............-Respondió a sus espaldas una voz carraspeante y bruta. Lorek se giró, para ver a un hombre anciano, con una piel pálida y cubierto de sangre, sus ojos compltamente negros y las extrañas garras, casi animales, que portaba lo delataban.

Era algo horrible, algo que devoraba a inocentes sin saber si era por necesidad o placer.

Era un necrófago.


Ambos se miraron durante unos momentos, sin saber si matarse o sentarse a charlar, aunque la opción estaba definitivamente clara.

-Parece que has conseguido sobreponerte de alguna forma a tu naturaleza, despues de todo sería imposible para un necrófago normal sobreponerse durante tanto tiempo a vuestras horrendas ganas de devorar carne y alma humanas.-Dijo Lorek mientras se apoyaba en la mesa cubierta de sangre, sonriendo bajo la sombra de su capucha.

-Era un curandero antes de este cambio......supongo que mi mentalidad es lo que me permite seguir algo cuerdo.-Contestó mientras se ponía en posición de combate, el guerrero hizo lo propio, tomando el mango de su espada con su arma derecha.

Y el duelo comenzó con un salto del ente maligno, que intentó abalanzarse contra el guerrero, que lo esquivó, para desenvainar su espada y colocarla en el cuello de la criatura.

-Puedo hacerlo fácil, curandero.-Dijo mientras comenzaba a presionar lentamente la punta de su espada en la garganta de su adversario, que parecía buscar una forma de matar a aquél que intentaba segar su vida.

No tuvo tiempo para ello.


Salió de la casa, mirando de cuando en cuando atrás, pese a saber que no podía volver a levantarse, ese ser era algo bastante extraño, por lo que no sería de extrañar.

Volvió a la habitación que había pagado, dispuesto a descanas ahora que La Sombra había perecido.


Capítulo Dos: Norte, hogar de bestias y guerreros extrañosEditar

Lorek caminaba por el camino, en el que la nieve comenzaba a ser lo mas notable y abundante del paisaje, tras él estaba la muchacha, que portaba un abrigo de piel de aspecto grueso y mullido.

-¿No necesitas nada más que esas ropas?-Preguntó, viendo que durante la celebración de la victoria de los soldados de la ciudad no compró nada que no fuesen alimentos y otros suministros muy básicos.

-No.-Respondió secamente mientras miraba a su alrededor, para luego continuar.-Uno de los dones de mi Dios, que creo que has visto, tiene el efecto de hacerme inmune a cosas como el frío o el calor extremos, de hecho, podrías intentar quemarme vivo y nunca lo conseguirías.-Respondió con un tono casi humorístico mientras esperaba a su compañera, que se notaba sufria las condiciones del Reino del Norte mas que él.


Acamparon en un lugar tranquilo junto al camino, aguantando el frío para poder comer una de las hogazas de pan que compraron hacía poco en la ciudad.

-Bueno.-Dijo el guerrero, que miró a la mujer de forma desconfiada y casi intimidante.-¿Dónde está el campamento de tu clan?-Preguntó a continuación, devorando un trozo de la hogaza al terminar.

-Creo que, ya que no están aquí, habrán ido al norte, puede que incluso al Reino del Norte.-Dijo con un tono natural, aunque eso no impedía a Lorek mantener la inquisitiva mirada que sostenía.

-Entiendo.-Dijo mientras terminaba su hogaza, para luego levantarse y ponerse a caminar hacia el norte, dejando la bolsa con víveres y suministros junto a la extrañada elfa.


Lorek caminó durante casi veinte minutos, escuchando en algunos momentos el repiqueteos de los útiles que compró en la ciudad a sus espaldas, para detenerse en un determinado momento, preparando su espada.

La elfa llegó a los pocos minutos, con algo de confusión ira contenida y cansancio en su roostro, se mioculto por la gruesa capucha de su abrigo.

-¿Por qué has hecho esto?¡Eso ha sido una estupidez!-Dijo, a punto de comenzar una serie de quejas e insultos que la muchacha no soltaba desde que comenzó la travesía hace algunas semanas.

Calló cuando la espada del guerrero se posó en su cuello antes de que tan siquiera pudiese reaccionar.

-Porque estoy cansado de que me hayas dado largas durante este tiempo.-Dijo Lorek con una mirada serie e intimidante.-Esta es la quinta vez que me dices que tu clan ha ido en dirección norte.

-Es verdad,¿Por qué te iba a mentir, humano?-Decía la elfa con un tono indignado y casi arrogante pese a la situación en la que se encontraba.

-No lo sé, pero el caso es que lo has hecho, he hablado con varios aldeanos y pobladores de la ciudad mientras compraba, y ni siquiera han escuchado sobre un clan de elfos herrantes que haya pasado por sus regiones desde hace casi medio año.-Respondió, presionando la hoja de su arma en el cuello de la mujer, que comenzaba a mostrarse nerviosa.-Asi que si quieres que siga acompañándote hasta donde quiera que sea que vayas, necesito la verdad.-Concluyó mientras retiraba su arma del cuello de la joven.


La mujer se sentó en la hierba escarchada, siendod espojada de sus armas momentos antes.

-Comienza.-Dijos ecamente.-O te dejaré sola y con lo puesto, seguro que a los guerreros bárbaros de aquí en adelante les gustaría encontrarte.

-Bien.-Dijo con un tono frio, denotando mas aún lo enfadada que estaba.-Mi objetivo es hacer algo por mi clan, que está uniéndose a un clan hermanado para venir juntos al Reino de Hielo si mi misión se cumple.

Esperó, viendo si el humano la creía, temiendo la posible respuesta.

Se calmó al ver que hacía un gesto de leve omplicidad para con ella.

-¿Y cual es esa misión que me ocultasteis?-Dijo mientras clavaba su espada en el suelo.

-Era ver a los visitantes de un lugar desconocido.

-¿Los......visitantes?-Preguntó extrañado, casi sorprendido.-¿Los rumores son ciertos?-Dijo extrañado, recordando los rumores que estuvo escuchando sobre invasores extraños que asaltaron el Reino de Hielo, en el que el monasterio de ese reino casi tiene que intervenir para evitar las escaladas de rebelión y violencia que sucedieron a la derrota del ejército del rey.

-Si, la verdad es que nuestro objetivo es ir a negociar con ellos por un asunto del que solo puedo hablar con quien sea que haga de embajador entre esos tipos.-Dijo con un tono sincero, que se comenzaba a despojar de la indignación.

Pasaron casi dos minutos en un tenso silencio, hasta que el guerrero tomó y envainó su espada, bendecida por su dios y bañada en la sangre de cientos de seres diferentes, tras loq ue tomó el saco de víveres y comenzó a caminar hacia el norte, para detenerse a los pocos pasos, viendo como la elfa se ponía molesta su ahora frio equipamiento.

-Solo voy a exigirte dos cosas de ahora en adelante.-Dijo el hombre, que se ponía su capucha.-La primera: Quiero que me digas verdades, si me vuelves a mentir, te abandonaré en medio del lugar mas abrupto que encuentre.

-¿Y la segunda?-Preguntó la elfa con un tono casi curioso.

-Que me digas tu nombre.-Dijo, mirando a la elfa con una alegre sonrisa, antes de continuar su camino.

Y juntos, caminaron hacia el hogar de esos visitantes que poblaban el Reino de Hielo.


Llegaron a una aldea simple, en la que campesinos caminaban como si nada, para detenerse a mirar a los recién llegados, entre los pobladores había guerreros embutidos por armaduras simples de cuero pieles curtidas, sobre las que portaban capas o mantos hechos con pieles de bestias locales, portando hachas y espadas de basta manufactura.

-Parece un sitio bastante tranquilo.-Dijo la elfa con un tono inquieto, mirando a dos guardias de aspectod esarrapado que miraban con suspicacia a la pareja.

-No te creas, he escuchado cosas bastante malas sobre los pueblos del Reino del Norte.-Dijo, pensando en las historias sobre los cientos de grupos de bandidos y salteadores que lo poblaban y que actuaban con casi total iimpunidad.-Lo mejor será que compremos comida y nos vayamos.-Comentó a continución, para detenerse ante un hombre alto, de casi dos metros, junto al que había dos hombres vestidos con armaduras de metal simples, compuestas de cascos y cotas de malla.

-¡Saludos extrangeros!-Dijo el hombre, fuerte, vestido con pieles que parecían corresponder a lo que en otro tiempo debió ser un hombre lobo, o quizá un hombre bestia.-Soy Kingrahm, jefe de esta aldea y su guardián.

-Encantado, soy Lorek, y ella es mi acompañante.-Dijo, recordando que ella todavía no le había dicho su nombre.

Lo solucionaría cuando saliera de aquél sitio.

Tras la presentación, el jefe de la aldea caminó con ellos, explicándoles la situación, en la que describía como en las últimas semanas habían sufrido los ataques de clanes de orcos, que al parecer se dedicaban a cazar a los habiantes de la zona.

Se detuvieron frente a una casa simple de madera, sobre cuya puerta se encontraba un craneo de lobo inmenso. Era la casa de Kingrahm.

-Esa es la situación extrangeros, los ejércitos del noble de esta región tardarán unos días en llegar, aguantaremos, pero si siguen llegando más no podermos resistir.-Se quejó.

-Lo comprendemos, pero entiende que yo tambien tengo una misión que cumplir para con la muchacha.-Dijo Lorek,señalando a su acompañante con el pulgar.

-Entiendo.-Dijo el jefe, que señaló el camino que conducía al norte.-Me gustaría que vuestro camino fuese seguro extrangeros, pero puede que sea dificil.-Dijo mientras estrechaba su mano a la del guerrero con fuerza, sonriendo a través de su barba rubia.-Espero que mateís a algunas de esas cosas.-Y a continuación vio como la pareja se alejaba de su aldea.


Cuando la aldea ya se alejaba y se aproximaba a las montañas, la mujer se acercó a Lorek.

-¿En serio no vamos a ayudar? Si has parado cada ddos por tres el trayecto para socorrer a gente,¡o a espíritus!-Dijo con un tono fuerte, expresando de sobremanera su enfado.

-Nunca he dicho que no, solo he dicho que teníamos que ir mas hacia el norte, que es de donde provienen los invasores.-Dijo con un tono seguro, viendo como casis e le iluminaba a la muchacha la mirada.

Y ambos caminaron hacia las montañas.


Llegaron a un claro tras haber seguido durante casi dos horas el rastro del humo de una hoguera, para ver que entorno a esta había un campamento mal montado, en el que unas personas de piel oscura y casi escamosa estaban haciendo sus quehaceres, entre los que se incluían devorar lo que parecían haber sido personas, posiblemente guerreros locales derrotados en batalla, uno de ellos,mas alto que los demas y embutido en una armadura de cuerpo con una hombrera gruesa de metal negro, se alzó entre los demas, gritando algo en un idioma ininteligible y gutural.

-Orcos del norte.......-Dijo Lorek, que se agazapó entre un arbusto grande y cubierto por algo de nieve.-Son seres muy peligrosos, la verdad es que me sorprende que no haya mas.-Dijo el guerrero, que desenfundó su espada lenta y silenciosamente, viendo como la chica preparaba una flecha en su arco.

Y todo cambió cuando la muchacha disaró la flecha, que se clavó en la espalda de un guerrero,que cayó de bruces contra el suelo. En respuesta, los demás guerreros dejaron lo que hacían para tomar sus espadas y hachas, que esgrimieron mientras corrían hacia la elfa.

El primro de ellos intentó clavarle su hacha en el craneo, para recibir un brutal corte en el estómago por parte de Lorek, que a continuación evitó un bandazo torpe con la espada larga de otro orco, qque cayó cuando una flecha le atravesó el cuello.

-Cuidado con los mejor equipados.-Dijo Lorek, que bloqueó el ataque de  uno de los orcos, tras lo que retrocedió antes de que un segundo se uniera al asalto conun hachazo vertical.

-No hace falta que me lo digas, humano.-Contestaba la elfa, que se agachó para evitar un hachazo mientras segaba el suelo con sus piernas, tumbando al orco y desarmándolo, tras lo que posó su pie derecho sobre él, para así dsparar una flecha en su cabeza.

El combate siguió hasta que solo quedaron un puñado de orcos, que se podían contar con los dedos de una mano, entre los que se encontraba aquél extremadamente alto, que esgrimía dos pesadas espadas empapadas en sangre seca.

-¡Vais a.........MORIR!-Bramó el inhumano ser de piel oscura mientras soltaba lo mas parecido a un rugido que hubiesen escuchado ninguno de los dos en semanas.

Y el combate comenzó, Lorek, que había comenzado a convocar sus poderes, que obtenía gracias a su deidad, provocando que para cuando cortó al primero de los tres orcos que acompañaban al líder le prendiera fuego tras realizar la mortal estocada, que casi lo decapita.

La elfa desenfundó una daga, tras lo que esquivó un hachazo con un giro agil, para golpear la cara de su enemigo con su arco, aturdiéndolo unos momentos, que aprovechó para hundir la hoja de su daga en el pecho desprotegido de su enemigo, del que brotó la oscura sangre propia de esas criaturas.

Lorek vio la escena mientras se librabaa de el último guardia hundiendo su espada en su estómago, para sonreir....Hata que segundos despues el líder de aquellos seres lo lanzara de un fuerte golpe por los aires, tras lo que aterrizó brusca y dolorosamente.

La muchacha vio la escena, tras lo que preparó una flecha sin llegar a soltar la daga, apuntó al pecho del ser y disparó, para ver como la flecha se clavaba en el pecho de la criatura sin que esta se inmutase.

La cosa se complicaba.


Lorek se levantó, solo para ver las botas negras de su contrincante acercarse, hasta que vio como una de ellas se acercaba lo suficiente para pegarle una patada en la barbilla, levantándole subitamente con un pequeño hilo de sangre que surgía de su boca, haciéndole caer boca arriba en el suelo,c on su arma aún en su mano derecha, que fue pisada por su oscuro enemigo, provocando el crujido característico que hacen todos los huesos de una mano al romperse.

-¡Cabrón, Te juro que te mataré!-Gritó Lorek, para ver como el orco, de casi dos metros, reía, alzando una de sus espadas, Tras él, la elfa parecía en shock, posiblemente por ver a un temible guerrero como el que lo había acompañado durante tanto tiempo caer tan rápido.

La elfa miró los ojos de su compañero de travesías, que parecían llenos de dolor y furia, tras loq ue vio la desprotegida espada de su enemigo.

Tomó una flecha de punta de acero, tras lo que la colocó en su arco y disparó viendo como esa vez por fín pareció generar una reacción de dolor y desagrado en la criatura, que abandonó al guerrero para blandir sus armas contra la nujer, que disparó una segunda flecha, que impactó en el pecho del orco, provocándole algo de dolor, que se manifestó con una serie de gruñidos animales mientras avanzaba.

Cuando la elfa y su enemigo estaban demasiado cerca como para que pudiese seguir luchando con arco y flechas la mujer soltó estos y desenfundó su espada, preparándose para luchar.

-Mujer bonita....-Dijo de forma simple, denotando lo mucho que le costaba hablar un idioma normal.-Es una ena que mueras.-Dijo mientras comenó a golpear fuertes estocadas, que arrancaron la corteza y algo del tronco del arbol que estaba tras ella, que rodó a la izquierda para evitar el ataque.

El duelo comenzó, siendo una combinación de cortes superficiales y poco dañinos contra ataques fuertes y poderosos que podrían partir a la muchacha por la mitad si no los evitaba, cosa que hizo hasta que tropezó contra el cadaver de uno de los guerreros orcos de aquél lugar.

-Esta cosa....no se cansa.-Se quejó la joven entre jadeos de cansancio, para ver como el inmenos guerrero de piel negra preparaba lo que parercía ser un golpe de gracia.

-Pero puede morir.-Respondió una dolorida voz a espaldas del orco, tras lo que momentos despues se pudo ver una espada de fina manufactura surgir del pecho de la criatura, que gritó mientras caía de rodillas al suelo, casi aplastando a la elfa por pocos centímetros, dejando ver a un Lorek cansado y magullado, pero que no parecía haber sufrido los devastadores golpes que el líder de esas cosas lo había provocado.


Pasaron unos momentos de silencio, en los que el guerrero limpió su espada, manchada por la sangre de aquellos orcos, la muchacha estaba quieta, posiblemente intentando asumir que alguien que debería ser casi incapa de caminar hubiese matado a un ser como el que estaba muerto ante ella.

-¿Estás bien?-Preguntó el guerrero, que le acercó el arco y el carcaj a la mujer, que salió de su linea de pensamiento particular.

-Si, soloq ue no me explico una cosa.-Dijo mientras colocaba su equipo donde debería estar.-¿Cómo puedes caminar?

Hubo un momento de silencio hasta que el guerrero se aclaró la voz, denotandoq ue su garganta todavía estaba algo tocada.

-Es un don, si lo quieres llamar así.-Bromeó mientras señalaba arriba, haciendo referencia a su patrón, que parecía haberse encariñado con su siervo.


Ambos salieron del lugar, recogiendo la bolsa de víveres que ocultaron antes del combate, listos para volver a la aldea a comer algo de verdad.



Cuando llegaron a la aldea se sorprendieron por el silencio que había, por un momento pensaron que se trataba de alguna ceremonia religiosa o similar, hasta que el ruido de dos aceros chocando les hizo ponerse en guardia y correr hacia el origen del ruido, para encontrarse en la plaza de las justas, en la que todo el mundo estaba reunido.

-¿Qué pasa aquí?-Preguntó Lorek a una mujer, que se volvió con cara de emoción.

-Un combate entre dos pretendientes por la hija del caudillo Vanir.-Respondió.

-¿Se van a matar por una mujer? Que costumbre tan extraña.-Comentó la elfa mientras avanzaba junto a Lorek para ver a dos guerreros luchando, uno de ellos vestía ropas propias de guerreros del lugar, con una cota de malla de mala calidad vestida sobre una simple ropa de lino, su rostroe staba semioculto por un casco de aspecto barbárico, propio de la zona.

Su contendiente era un guerrero de porte mas noble, portaba una rúnica roja y amarilla sobre la que había algunas piezas de armadura, situadas en los brazos. En su pecho estaba la herálidica del guerrero. Un grifo con una espada.

-La orden de Santa Anna.-Masculló Lorek, viendo como el duelo llegaba a su fin con la creación de una apertura por parte del guerrero de la cota de malla, que permitió a su contrincante decapitarlo de forma brutalmente limpia, poniendo fin al duelo y a la vida de su enemigo.


Caminaron junto a la multitud, viendo al guerrero dirigirse y dedicar su victoria al caudillo, generando una aclamación popular.

Tras esto la gente parecía volver a sus quehaceres, a excepción de un grupo que parecía estar formado por criados del caudillo, que comenzaron a preparar el lugar, posiblemente para realizar la ceremonia de casamiento entre el vencedor y la mujer que se disutaba.

-Un momento.- Escucharon ambos a sus espaldas mientras marchaban, para girarse y encontrarse al jefe de la aldea, que estaba junto a un guerrero de la aldea vestido con ropas simples y armado con una espada.-¿Sois los visitantes de antes, verdad?

-Si.-Respondió la mujer con un tono sincero, para ver como el guerrero se acercaba a la pareja.

-Hemos vuelto para decirle que no es necesario que se preocupe del grupo de orcos que merodeaba la zona.-Dijo mientras comenzaba a marcharse.

Los suministros seguro que se acabarían en la fiesta del caudillo.

Pero el jefe de la aldea tomó del hombro a Lorek, que se giró, para ver a un alegre hombre, que parecía haber sido salvado.

-¡Habeís salvado muchas vidas! Como agradecimiento os sentarís conmigo en la mesa de la guardia ddel caudillo.-Juró Kingrahm



Estaban en una sala inmensa, en una de las mesas posicionadas en la zona mas alta de la estancia, junto a lo que parecían ser nobles de la zona, Lorek miró a todos y cada uno, se notaba que eran fieros guerreros, luego miró a su compañera, que intentaba reprimir sus casi evidentes ganas de apuñalar a uno de ellos, sentado a su izquierda, que intentaba torpemente seducir a la elfa, creyendo que por haberse librado de aquellas cosas sería la candidata mas adecuada para darle una descendencia fuerte.

-Parece que tu amiga es mas divertida que tu.-Dijo Kingrahm a su derecha, envolviendo y estrujando al guerrero con su brazo izquierdo, en el que se veían las profundas marcas de lo que debió ser la mordida de un lobo.

-Claro, si por divertida quieres decir acosada.-Se quejó mientras retiraba el brazo que lo aprisionaba.-Porque la verdad es que parece que vuestros nobles no han visto una mujer el su vida.-Contestó mientras tomaba un trozo de carne con un cuchillo simple y se lo metía en la boca, disfrutando del sabor de la carne que no había tenido que cazar y matar él mismo.



Pasaron el rato, acabando por reirse ocasionalmente y pasarlo bien, sobre todo cuando el mal llamado pretendiente de la joven recibió un puñetazo en el cuello y se quedó bastante tocado, prefiriéndose alejar de la mujer durante lo que quedaba de fiesta, para ser sustituido por otro que ya sabía qu destino iba a correr si se sobrepasaba.

-Una cosa.-Dijo el guerrero.-¿Alguno a oido algo sobre el Reino de Hielo recientemente?-Preguntó, viendo como uno de los guerreros de la mesa se apoyaba sobre esta mejor, preparándose para hablar.

-Si, hace tiempo llegaron algunos refugiados del norte,eran bastantes y estaban bastante mal, al parecer eran guerreros que protegían sus aldeas y que se vieron obligados a huir hacia aquí, estuvieron unos días y nos hablaron de que su rey sus nobles y cas todo su ejército fueron exterminados en una guerra.-Comentó el guerrero, que paró para tomar un largo trago a su cerveza.

-Entonces las csas deben de pintar mal por allí.-Respondió la elfa.

-Si, porque según parece no solo están los tipos que derrotaron al rey, ahora cada aldea que ha prosperado un pocos se ha convertido en un pequeño país que intenta gobernar el reino para ellos, y por si fuera poco, todas las criaturas y bichos del norte están desbocados, ya que el ejército está muerto y los soldados que pudieran quedar están guerreando para sobrevivir o por alguna gilipollez.

-Y vosotros pagaís las consecuencias.-Terminó Lorek mientras mordía un trozo de carne, terminando lo que quedaba de esta en su plato.

La fiesta siguió mientras la pareja se retiraba bajo la orden de Lorek, que antes de marchar se despidió del jefe de la aldea, sin haber mirado ni un momento al hombre por el cual la celebración se llevaba a cabo.

-¿Por qué nos hemos ido?-Preguntó la muchacha, que lamentaba el tener que dejar un lugar caliente y con comida mejor de la que había comido en las últimas semanas.

-Porque si seguimos demasiado en este sitio el caudillo nos acabará expulsando o reclutando para su ejército.-Comentó mientras caminaba por el pueblo vacío.-Y en el peor de los casos, si decims que no, nos mandará ejecutar.

-Entiendo.-Fue lo único que dijo la elfa mientras seguía a su compañero hacia el norte, abandonando el pueblo a su suerte mientras la luna llena iluminaba su camino.






-¿Por qué tenemos que rezarle a esta estatua tan extraña?-Preguntó la muchacha, mirando como Lorek  se arrodillaba frente a una estatua de metro sesenta que mostraba a un guerrero portador de un inmenso martillo, aunque el tosco tallado del bloque de piedra le impedía reconocer nada mas.

-Es una estatua protectora de viajeros.-Explicó.-Según se cree, si rezas frente a una antes de proseguir tu camino, esta te protegerá durante trece días de cualquier mal.

-Entiendo.-Dijo la elfa, esperando a que terminaran para cruzar el camino de tan mala fama que comunicaba el Reino del Norte con el de Hielo. Pasaron los minutos hasta que el hombre se levantó con un gesto solemne, tras lo que se alejó, rumbo hacia el camino que debían tomar.


El camino, que en realidad era solamente  una zona allanada malamente rodeada de un bosque de aspecto impenetrable y salpicado de rocas escarpadas que sobresalían le daban a la zona un aspecto algo siniestro y exótico. -Este camino no parece tan siniestro como lo han mencionado esos mercaderes.-Comentó la elfa mientras miraba los ponios nevados que eran mecidos por el viento. -Nunca lo parecen.......-Dijo el guerrero mientras miraba a su alrededor, para acabar fijándose, casi a la vez que su compañera, en lo que parecía una simple cabaña de madera.-No lo parecen.


Ambos caminaron hasta llegar a la casa que, pese a ser pequeña y tener un aspecto descuidado, parecía cálida y acogedora, el guerrero golpeó con la palma izquierda de su mano la puerta un par de veces. No hubo respuesta alguna. Volvió a tocar una segunda vez, mas fuerte que antes y con el puño cerrado, para terminar volviendo con la mujer, que lo esperaba a un par de pasos. -Parece que la cabaña está deshabitada.-Comentó Lorek, que miraba el cielo oscuro y a la vez anaranjado del atardecer.-Asi que no ocurrirá nada si la usamos para descansar y ahorrarnos el trabajo.


La joven asintió, deseando estar bajo techo desde que abandonaron esa ceremonia de boda hace casi una semana de viaje ininterrumpido.


Tras un par de patadas fuertes la vieja puerta de madera cedió, cayendo hacia el interior de la cabaña, que parecía un lugar tétrico y sombrío, dada la escasa luz que se colaba por las ventanas oscurecidas , que a duras penas mostraban una mesa simple sobre la que había un libro de aspecto viejo.

-Este lugar es un poco sinietro.-Cometnó la muchacha, que entró tras Lorek.

-Si, pero por lo menos no es peligroso,¿recuerdas a las alimañas de aquella cueva?-Comentó, viendo la casi divertida mueca de asco que la elfa puso, provocándole una pequeña carcajada, que fue respondida con un leve puñetazo por parte de la ofendida.


Lorek inspeccionó la cabaña, consistía en una habitación de entrada en la que había una estufa ya oxidada y casi deshecha de hierro mal forjado, que además debía servir de cocina, a judgar por los toscos platos y cubiertos que el guerrero tocaba de pasada, para luego centrarse en el libro, que parecía ser lo único que no estaba acumulando polvo en esa casa.

-Guerrero......Lorek, mejor que vengas.-Dijo la joven desde lo que parecía ser la otra habitación del hogar.

Lorek llegó a lo que parecía ser una habitación, para pararse al ver quietos, sobre lo que antaño era una confortable cama, a una madre que vestía ropas cálidas propias de los bárbaros y guerreros de la zona, entre sus brazos estaba una niña vestida con un grueso abrigo de piel de algún animal, pero que extrañamente no pudo impedir que ambos muriesen congelados con una extraña mueca de terror en sus rostros.

-Mejor que salgas.-Dijo Lorek, que apartó a la elfa, que parecía afectada por la escena.-Estas cosas no deberían ser vistas.-Y, cuando esta abandonó el dormitorio, Lorek hizo lo mismo, cerrando la puerta tras de sí.



Estaban congelados, pese a haber conseguido hacer un pequeño fuego quemando una silla y vuelto a sellar la puerta de madera para que la mayor parte del frio nocturno no penetrara, era como si estuviesen desnudos fuera en medio de la extrañamente inoportuna ventisca que surgió de la nada.

-Esto......es una mierda.-Se quejó tiritando el guerrero, cuya armadura y ropajes de tela le protegían a duras penas del frio.

-Si, parece que esto ha venido de la nada.-Dijo la muchacha de orejas picudas, que ocultaba bajo una capucha de gruesa piel, al igual que el resto de us cuerpo en su grueso abrigo lo mejor que podía.-No es normal.

-Da igual.....el caso es que estaremos......atrapados aquí hasta que muramos de frio o amaine.-Dijo el guerrero, que se puso su capucha para buscar en vano un poco mas de calor, parándose tras esto a pensar en la imagen de la pareja que tenían en la habitacion contigua, para luego levantarse y alejarse de la pequeña fogata contenida en lo que ahora no debería ser llamada estufa.

Tomó una de las dos viejas sillas restantes y, con un fuerte tirón, desprendió una de las ya deterioradas patas, que arrojó al fuego antes de que el fuego comenzara a menguar, para luego dirigir su mirada hacia el libro, que ahora visto mejor parecía algún tipo de cuaderno viejo que parecía haber sio dejado allí por los últimos visitantes del lugar. Un escalofrío recorrió la espalda de Lorek al acordarse de las últimas ocupantes.

Lo tomó y se lo dio a la elfa, que se movió de una forma no tiritante casi por primera vez en todo ese tiempo.

-Parece interesante.-Comentó.-Sería una pena quemarlo.

-Si, seguro.-Respondió la elfa, que pasó sus dedos sobre el algo descolchado cuero de la tapa frontal.-Por lo menos me ayudará a no pensar en nuestra situación.-Concluyó, recordando a ambos que su comida estaba demasiado fría como para ser calentada, y de no ser por el fuego recién avivado, el agua de sus cantimploras de piel no serían nada mas que grandes bolsas rellenas de hielo.


La elfa abrió la primera página, amarillenta por su uso.

1ª entrada: Soy Emisiol, mago renegado del Concilio del feudo de Sikvia que huyó durante la guerra.     Soy el último de los míos, ya que unos cuantos fueron yendo a otros lugares, a otros Concilios en busca de asilo, aunque creo que son idiotas si creen que aceptarán a renegados, sobre todo a renegados que eran magos elementaristas........... Decía el primer párrafo, cosa que hizo a la elfa evantar la mirada para advertir a su amigo de aquello, pero cayó cuando lo vio en una postura de meditación que parecia dejarle en trance mágico, o eso recordó que había dicho en una ocasión.

Decidió no porturbarle y continuar leyendo hasta saber qué estaba sucediendo entre esas páginas.

He llegado aquí hace unos días, donde he encontrado a una familia de leñadores bastante simpática, no parece importarles quién o qué era antes, ya que coseguí utilizar mis conocimientos elementaristas para curar una quemadura de congelación bastante extraña en la pierna de Fulk, el leñador y jefe de familia.

Tengo que saber qué fue lo que le causó eso, me quedaré unos días mas para averiguarlo, despues de todo, fuera lo que fuese,era algo mágico o muy extraño.


Pasó de página, para ver que estaba medio arrancada, posiblemente por que alguien en su misma situación de hipotermia la utilizó para prender fuego, la muchacha aprovechó esto para coger un palo de la despiezada silla y arrojarlo al fuego, sintiendose mejor al hacerlo.

3ª entrada: Menos mal que Fulk no ha sospechado cuando le dije que queria ver donde se hizo esa quemadura, despues de todo fui quen le curó, además, llevo un par de semanas aquí y les estoy tomando algo de cariño........



Han pasado tres horas desde que salimos de casa y una desde que me interné en la cueva de la que Fulk aseguraba que surgía un brillo azul, aunque cuando entré no vi nada..... Mejor dejo de escribir y voy a ver qué es ese ruido tan extraño que me está comenzando a desconcentrar.

La elfa pasó la página mientras comenzaba a sentir una sensación de angustia, ya que, pese al fuego y al aislamiento de la casa frente al frio exterior parecía que la temperatura era todavía menor.

-Lorek.-Dijo la elfa, que se acercó a su compañero, que parecía no dar señales de vida a excepción de leve respiración que surgía de lo mas profundo de sus pulmones.-Creo que deberías ver esto.-Tras lo que dio un leve empujoncito con su mano izquierda al humano, que no se inmutó, la mujer apartó su mano y volvió al libro, intentando aplacar una extraña senasción de naciente preocupación.

5ª entrada: llevo casi dos semanas como si nada hubiera pasado cuando entré en la cueva, pero creo que lo empiezan a notar, ayer la hija de Fulk dijo haber visto a una ``cosa de nieve´´ mientras estaba jugando aquí cerca........puede que tenga que decirles alguna cosa para que no se preocupen, despues de todo, sé que si descubren loq ue sucedió allí me echarían o me matarían......




Estoy comenzando ver que los poderes que se han desatado son bastante mas inestables, hoy, cuando volvía con algo de agua del arroyo cercano he visto a una de esas cosas que describió la niña, solo que esta parecía estar observándome.

Tengo que seguir investigando lo que encontré, aunque con el creciente tráfico de viajeros que hay estos días y que Fulk se empeña en ayudar a sobrevivir no creo que tenga demasiado tiempo.

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