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Arxion se despertó con el vaivén de las olas, mirando su camarote, era una habitación hecha principalmente de madera, en la que solo estaba una vieja mesa algo descolchada y su cama, que casi lo apuñalaba de lo mala que era.

Se levantó mientras escuchaba los gritos de los marineros, que anunciaban algo dificilmente audible incluso para alguien de su condición, abrio la puerta, para respirar el aire salino del mar junto al hediondo olor de los humanos que poblaban el barco en el que se encontraba.

-Parece que el orejas picudas está despierto.-Dijo la voz alegre de Fid, el capitán de la nave, que golpeó la espalda del elfo fuertemente, generando un sonido similar al que de un aplauso.

-Buenos días, capitán.-Contestó el elfo de mal humor, viendo el paisaje a su alrededor, en cuyo horizonte se podía ver una fomra verdosa que sobresalía.-¿Es eso tierra firme?

-Si, vamos a llegar a Caofba en un par de horas si el viento sigue como hasta ahora.-Dijo el marinero mientras dejaba al elfo para animar a los mas vagos de cubierta a seguir trabajando.

Por fin podría tener algo de libertad real, sin las normas de su clan resentido con los humanos, sin las leyes de los reinos, que lo habrían mandado ejecutar.

Podía oler la libertad, y olía a mar y a lo desconocido.


Llegaron a un puerto tranquilo, en el que se podía ver la actividad de la bulliciosa colonia comercial, ahora convertida en una inmensa ciudad, en la que se alzaba una fortaleza inmensa que se alzaba en alg´n lugar de la ciudad.

-Parece un lugar ajetreado.-Dijo el capitán del navío mientras descendía al muelle por una rampa de madera,seguido del elfo, que vestía sus habituales ropas oscuras y cómodas, en las que se podían discernir unas protecciones de cuero endurecido ligeras, que servían para detener una flecha y para desplazarse sin hacer casi ruido.

La armadura perfecta para un guerrero élfico.

Llevaba su rostro claro ocultado bajo una capucha del mismo color negro que sus ropas, caminó un par de pasos, denotando lo que le costaba acostumbrarse nuevamente a tierra firme, viendo como sus botas oscuras y espinilleras metálicas se tambaleaban.

Esto era nuevo, un elfo mareado.


Se atemperó mientras veía como el capitán hablaba con una persona vestida de forma limpia y sobria, parecía ser el comerciante del que escuchó hablar al capitán, aunque seguro que pagaría menos que lo que pagó él para poder entrar en ese cascarón de madera.

Se alejó de ellos para explorar la zona de lo que se convertiría en su nuevo hogar.

Llegó a un conjunto de edificos y casuchas amontonadas, que debían ser las instalaciones del puerto y de empleados o gente de la zona, caminó sin rumbo hasta encontrar una casucha con un techo oscuro, del que colgaba un cartel que ponía Taberna.

Sonrió, pensando en que podría beber algo que merezca la pena.

Entró, para ver a un grupo de personas bebiendo, ya fuese en grupos o solos, en tre ellos había soldados de uniforme, vestían una especie de faldín de tela de color violeta sobre el que habían tiras de cuero colgando, bajo ellos se podían ver pantalones de tela acabando en botas de cuero. Portaban petos metálicos  simples.

-Una copa.-Dijo el elfo mientras se sentaba en un taburete junto a la barra, viendo frente a él a un tabernero de aspecto fuerte.-Que sea algo bueno y barato, no me queda demasiado para gastar.

Miro a su alrededor, viendo como algunas miradas curiosas o excépticas se fijaban en él.

No debían haber visto un elfo desde hace mucho, si alguna vez lo habían hecho.

Momentos despues se encontró frente a él una copa de algún tipo de licor, que se ebió de inmediato, saboreándolo para olvidar el sabor horrible de la comida de aquél horrible barco que no quería volver a ver.

-Parece que por fin hay algo decente en este lugar.-Escuchó decir a su izquierda a una mujer de voz sujerente, proveniente de la entrada que, abierta, proyectaba la luz solar en el interior, junto a la silueta de su deuña.

La mujer, vestida con unos ropajes grisaceos de aspecto casi salvajes, caminó hacia el interior, dejando claro a ojos de Arxion que la joven encapuchada provnía del norte.

Se sentó junto al elfo, que miró hacia el interior de su capucha desde la suya, vislumbrando el rostro deuna bella mujer de pelo negro, que sobresalía de la penumbra de la capucha grisacea.

-Eres del norte.-Comentño el elfo.

-Si,¿Y qué? Seguro que muchos proceden de algún lugar al norte de este antro.-Respondió.

-Me refiero al norte de verdad, pareces del reino del Norte, quizá del de Hielo.

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