FANDOM


Capítulo Uno:Y un buen día las cosas cambian...Editar

Despertó sobre ese viejo colchón cuando  el viento silvó por la ventana rota.

-Vaya mierda.-Masculló mientras se levantaba, viendo la foto vieja de la familia que en su día poseyó el apartamento que había reclamado como suyo.-Seguro que vuelve a llover, con lo que cuesta cazar cuando llueve.

Se acercó al salón, en el que había solo un sofá y unamesa algo dañada en la que había un cuchillo y una pistola, además de un par de cargadores y unas pocas balas para estos.

Pero ignoró todo aquello para dirigirse a la lata de alimentos que había conseguido saquear de los pisos de uno de los Barrios Muertos.

Tomó la lata y se sentó en el sofa, para al momento agarrar la anilla metálica  de la lata, de la que tiró, arrancando la fina tapa metálica y dejando ver un puñado de aceitunas de color negro y de olor penetrante.

-Bocado de reyes.-Dijo mientras tomaba con sus dedos algo sucios la primera de ellas y se la metía en la boca.

Nunca había probado algo tan bueno desde La Plaga.

Continuó su banquete hasta que escuchó a dos personas caminar de forma relajada tras la puerta, escuchando una conversación mientras seguía masticando una aceituna.

-No se por qué me metí a soldado, si el ejército ya no existe.-Se quejó un hombre de voz grave.

-Pero eso da igual, ya pasaron diez años desde que casi toda la gente cayera muerta porque si, asi que si queremos un sitio en el que esos putos saqueadores no nos coman vivos tenemos que estar aquí.-Le contestó una fuerte voz autoritaria, tras lo que la puerta tembló bajo un par de fuertes golpes.

Se levantó y tomó su arma y os cargadores, para posteriormente tomar el cuchillo y guardarlo en su funda.

Se acercó a la puerta mientras se arrascaba su barbilla mal afeitada.

Abrió la puerta y se encontró con sus compañeros de trabajo.









-Es mi dia libre.-Dijo mientras veía a sus dos compañeros con una cara igual de cansada que la suya.

-Lo sabemos tío, pero parece ser que el jefe de las fuerzas quiere decirnos algo.

El trío salió del bloque de pisos y su actividad mañanera, sobre todo en el primer y el segundo piso, reconvertidos en enfermerías y establecimientos que abarcaban desde herrerías y almacenes de comida hasta puestos de comercio para los viajeros de la ciudad.

Pero el exterior era lo importante.

El tramos de la calle había sido blindado por coches volcados y fijados a modo de muralla, una parte del asfalto había sido cubierta de tierra extraída de algún parque cercano y ahora estaba adornada con un par de tomateras y unas pocas lechugas.

Pero ignoró todo eso para ir a la muralla del norte, en la que varios de sus compañeros soldados estaban entorno a su jefe, que había colgado un mapa de la ciudad en el eje de un coche volcado tras elq ue había una pequeñña escalerilla de apenas unos 30 cm de altura, que permitían a un tirador poder disparar sin tener que ponerse de puntillas.

-Bien, os he llamado por un asunto importante.-Dijo mientras se giraba, dejando a la vista un edificio pintado de verde con un rotulador viejo y algo deslucido y mordisqueado.

-¿Vamos a dar por culo a esos ecologistas?-Dijo uno de los soldados, que vestía un chandal y una camiseta sin mangas, sobre la que llevaba un chaleco al que le habían cosido algo de cuero encima de una forma descuidada.-Me jode que estén rondando y disparando esas putas flechas todo el día.

Escuchó como un pequeño coro de murmuros corroboraban y apoyaban las palabras de su compañero, que se apoyó sobre su barra de hierro con clavos atados fuertemente con alambres.

-¿Qué cojones pasa aquí?-Preguntó mientras se acercaba a su jefe, cuya cara seria, remarcadapor sus ojos claros ysu bigote oscuro le daban un aire de autoridad que parecía innato en él.-Estaba disfrutando de una buena comida.

El jefe sonrió mientras le daba una sonora palmada en el hombro derecho, que parecía provocar un eco en toda la zona.

-Que vamos a la guerra.-Dijo de forma seria.

Era la primera vez que escuchó sa palabra desde que los americanos y los rusos se pelearon por Ucrania en la tele.

Y sonrió levemente.

-Espero que sean algunos tocapelotas de los de verdad.-Dijo, dando un leve golpe a su jefe.-Porque volveremos con sus huevos colgados de nuestros cinturones.

El resto de soldados gritaron por la bravata de forma casi eufórica, ya fuese por las ganas de salir a moverse o por querer matar a algún cabrón.



Tras la euforia el grupo de soldados se disolvió, dejándolo con su líder y ese mapa mal sujeto.

-Bien,¿y qué se supone que vamos a hacer?Porque no has llegado a decir cuantos atacaremos ni nada.

-Claro que si.-Respondió elsoldado de ropas casi limpias y adornadas con galones dorados hechos artesanalmente mientras se mecía el bigote con sus dedos huesudos que no encajaban con su fuerte complexión.-Que yo recuerdete he hecho llamar.

Y entonces se acordó de la familia de su comandante.






-Es una misión fácil, solo tienes que ir y despejar al escuadrón el trabajo de matar a esos cabrones.-Repitió con un tono burlon mientras trepaba una furgoneta blanca que mostraba sin ligar a dudas el óxido que se había adueñado de varios vehículos, y, si no era eso, es que los coches eran verdaderamente feos sin la pntura...

Se giró cuando vio salir de loq ue antaño debió ser un kiosko  a un par de personas que portaban arcos de competición, posiblemente conseguidos en el saqueo de una de las pocas tiendas que quedaban en la ciudad sin saquear del todo, dado que parecían casi nuevos.

Apuntó con su pistola al dúo, que se estremeció y llevó instintivamente sus manos a los carcajs de sus espaldas, pero deteniéndose casi a la par, soldando su arco primero el hombre de la izquierda, para luego hacerlo el de la derecha.

-¿Quienes sois?-Preguntó mientras se aseguraba que su pañuelo negro y sus gafas de sol  ocultaran sus rasgos.-Si no respondeis ahora mataré a uno, y seguro que no quereís ser ese.

Las caras de los dos hombres marcaron un terror apreciable.

-Somos unos tipos que nos queremos ganar la vida, salimos de casa para cazar un conejo o alguna cosa¡Por favor no nos mates!-Dijo uno de ellos, que no debía superar los dieciseís, dado su tono de voz.

Levantó su pistola y con su mano izquierda enfundada en un guante de cuero con los extremos de los dedos descubiertos, les hizo una seña para que se fueran.

Cosa que hicieron a toda prisa, llegando uno de ellos a perder casi doce flechas que no se molestó en recuperar.

Avanzó hacia estas y las examinó, viendo que su color negro y sus puntas metálicas y afiladas las hacían perfectas para la caza.

Su asentamiento solo tenía unas de madera muy afiladas o unas deportivas bastante usadas.

Tenían que conseguir armas así.

Pero se levantó tomando solo dos flechas, que colocó en su carcaj y continuó su camino.

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en FANDOM

Wiki al azar