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"¡VB-123 a la vista, concentrad el fuego!."


Apunté con mi KP-32 al vehículo bipode, de hecho toda nuestra escuadra apuntó con sus rifles de impulso al vehículo. Casi al unisono el sonido de los disparos empezaron a sonar en la trinchera y los proyectiles chocaban contra el blindaje del bipode, este giró su cabina en dirección nuestra, el cañón que tenía instalado a la derecha de la cabina empezó abrir fuego de lo que era munición fragmentaria, chocando y castigando el terreno que rodeaba a la trinchera pero sin llegar a alcanzarnos. 

La munición del KP-32 o Kalasnikov de pulso disparaba munición de baja calidad (5,56mm), pero lo que lo hacía letal era que el pulso que expulsaba la munición lo hacía de una forma formidable, pudiendo incluso atravesar el blindaje de vehículos ligeros y acabando con infantería sin problemas. 

Las doce armas que disparaban a su vez acabaron por mellar y atravesar la cabina, acabando con el piloto que cayendo sobre la palanca hizo que el bipode girase, apuntase hacia abajo hasta tal punto que cayó sobre si mismo. 

-¡Comandante, no hay respuesta de la escuadra de Arthyon!.- Dijo uno de los nuestros que había estado intentando comunicarse con la escuadra aliada desde que la posición que defendían había sido atacada por armaduras de combate. 

-¡Maldita sean, tenemos que mantener esta trinchera no podemos ayudarles.!- Contestó el sargento de mientras se giraba hacia nosotros. 


En mi mente pasaban cientos de pensamientos, no podía concentrarme sabiendo que en cualquier momento una escuadra enemiga podría asaltarnos, no podía soportar mas esta guerra y aún menos podría soportar no ver mas a mi amada....

Una explosión me sacó de mis pensamientos, por lo que me puse de nuevo en guardia y me puse contra la pared de la trinchera, asomándome como el resto de mi escuadra.  No era una explosión, si no una capsula de desembarco enemiga.

-¡Todos, preparad las armas y abrir fuego contra los objetivos, no deis tiempo de despliegue!.- Ordenó el sargento de mientras se posicionaba, apuntando con la mirilla de su KP-32 a la capsula. 

Las puertas laterales de la capsula se abrieron, pero para nuestra sorpresa una especie de escudo que se desplegó junto la puerta nos negaba el tiro, por lo que seguí apuntando al igual que el resto de la escuadra a que el enemigo tomara posiciones. Del interior de la capsula una bengala salió disparada alumbrando el lugar y casi a la vez unas figuradas bien armadas salieron. Infantería pesada de Makarov, no es solo que estuviesen bien entrenados, si no que su protección era superior a la nuestra en todos los aspectos.

Apunté al primer objetivo que salió por el flanco derecho pero antes de que yo abriese fuego uno de los nuestros empezó a disparar, unos primeros disparos dieron contra el soldado enemigo haciendo que este cayese y que una bala final en la cabeza acabara con su vida. En pocos segundos el resto de su escuadra se desplegó apuntando a nuestra posición y disparando sus armas de calibre pesado, duranto el intercambio de disparos un proyectil enemigo dio contra la frente de nuestro sargento, arrancándole parte de su cráneo su cuerpo sin vida y con convulsiones cayó al suelo. El soldado que estaba al lado del sargento cayó al suelo horrorizado de mientras chillaba, el resto decidimos ignorar para seguir disparando contra el enemigo. Nuestros disparos eran ráfagas largas y poco controladas con los que apenas conseguimos matar a tres objetivos de los diez que eran, en cambio ellos consiguieron acabar con seis de los nuestros, quedando tan solo cinco soldados en la trinchera contando conmigo. 

-¡Boris, Igor, Oleg y los celtas, tenemos que irnos de aquí!.- Grité, intentando comunicarme con lo que quedaba de nuestro escuadra. Me agaché para protegerme completamente en la trinchera, aproveché para recargar y ojear el resto de la escuadra que disparaban sin cesar contra nuestros enemigos. Llevé mi mano a una granada que tenía en el cinturón, asomé la cabeza para fijarme que la unidad enemiga esta algo replegada, pero la explosión mataría quizás algunos. Me levanté, quité la anilla a la  granada y la sostuve unos segundos en la mano para finalmente lanzarla. Miré como la granada cayó a unos pies de los cuatro soldados del flanco izquierdo, la granada explotó atrás de ello haciendo que la metralla y  la onda explosiva de la propia diesen a la espalda de los soldados, hiriendolos y haciéndolos caer hacia adelantes; aprovechando esto de nuevo empuñé mi rifle de pulso y con el fuego concentrado conseguimos acabar con lo que quedaba del flanco derecho enemigo. 


Capitulo Uno: La trincheraEditar

Han pasado dos días desde que las tropas de Makarov intentaron asaltar nuestra posición, y casi lo consiguieron. Hicimos prisioneros a la basura enemiga que quedó herida por las granadas, de mientras que a nuestros camaradas tuvimos que coger lo que quedaron de ellos y guardarlos en bolsas de cadáveres, algo totalmente horrible. Esta mañana algunos soldados del mando llegaron para recoger a los prisioneros, nos dijeron que para mañana llegarían refuerzos pero que no podíamos abandonar esta trinchera aún, que todavía había peligro de que quedasen tropas enemigas.  Ahora mismo estaba yo ahí, frente la ametralladora de granadas de fragmentación viendo como se disipaba el humo que se había concentrado en el cielo, observando como los rayos de sol del atardecer inundaban aquel yelmo de alambres de espinos, montones de chatarra humeantes y cadáveres. 

Una voz me sacó de mis pensamientos, se trataba de Vera la encargada de supervisar nuestra posición, aunque había llegado esta mañana ya la conocía de antes. Ella me ofreció lo que parecía ser una taza de café caliente de mientras me sonreía, resaltando sus  ojos verdes en esa piel de tono pálido. Su pelo que se trataba de un rubio mas puro que el agua que fluye por los riachuelos en verano, estaba recogida en una coleta.  De buen grado cogí el café que me ofreció, bajé mi mascara de gas dejándola reposar en mi pecho y di un sorbo largo al café que parecía estar mas caliente en mi paladar, aún así no le hice ascuas. Llevaba casi treinta horas despierto, necesitaba descansar pero me quedaban dos horas de guardia y ese café me había venido de lujo. 

-Dime Viktor....¿Sigues pensando en ella?.- Dijo Vera de mientras procedió a observar con los prismáticos el campo de batalla.

-Sabes perfectamente que si....- Dije tras tragar lo que quedaba de café, poniéndome de nuevo la mascara para dejar de oler el asqueroso hedor de los cadáveres a medio pudrir por todo el campo de batalla


Procedí a incorporamente pero unas nauseas empezaron a brotar en mi, tras ella una sensación de fatiga y notar como perdía el control de mis articulaciones, caí de rodillas y me quité la mascara de gas para empezar a respirar con fuerza, dirigiendo mi mirada a Vera y intentando llamar su atención. Me apoyé con los brazos en el suelo, vomitando sangre y notando como si mi cabeza estuviese ardiendo y mis tímpanos a punto de explotar. En ese momento vera se giró pero no era la misma, había perdido la piel de la cara y sus ojos parecían estar cosidos. 


Grité y me levanté con el cuchillo en la mano, con un sudor frío en mi frente y percatandome que era de noche, tan solo había sido un sueño. De nuevo me senté apoyándome contra la pared y mirando al cielo, respirando de forma muy continua y con el corazón a mil, cerré los ojos y empecé a pensar en la única cosa que me calmaba....

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