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-¿Ya has vuelto?- Preguntó el hombre de aspecto anciano, cubierto con una capa, escondido en una cueva en medio de una montaña en el Reino de Hielo. Removía algo en un barril, con su largo bastón, que tanto servía como bastón para andar como catalizador de su mágia.

-Si, traigo las manzanas.- Respondió la voz fememnina, mientras de la pared salía su rostro y su cuerpo. La mujer parecía hecha de piedra, la cual se volvió piel. En su mano derecha llevaba una gran cesta con manzanas.

-Déjalas en la mesa.

-Entendido. Por cierto, voy a dar una vuelta a la aldea del valle, quieres venir?

-Creo que iré. Necesito airearme un poco.- Y el hombre se giró lentamente, retirando su bastón del barril, y apoyandolo en el suelo. Su espalda estaba curvada, y sus dos brazos se agarraban al bastón, para andar hacia el exterior. 

El sol impactó en su rostro, iluminandolo tras tanto tiempo en las sombras. Su piel era verdosa, y llevaba unas extrañas letras tatuadas por el cuerpo, mientras en su cara llevaba unas extrañas pinturas de aspecto rígido. Observó la nieve junto a la mujer, observó los árboles que rodeaban la salida de la cueva, observó la cumbre de la montaña, donde una neblina se podía observar en el horizonte. Luego se giró hacia la mujer.

-¿Que ocurre?- Preguntó ella

-Pienso en que pensarán los de la aldea si me ven contigo... Al fin y al cabo eres el espíritu de esta montaña, y dudo mucho que te guste la aldea.

-Si quieres me quedo aquí vigilando.

-Me harías un favor.

Y el viejo marchó en solitario por el camino marcado por cruces en los árboles y las rocas mas grandes, y tras un par de horas de camino llegó a la aldea, donde saludó a los guardias, y entró en la aldea. Un grupo de niños lo rodearon y gritaban cosas extrañas como explosiones de color y fuego. El hombre solo podía reir mientras observaba las felices caras de los niños. Tras un truco de magia donde una pequeña llama verde tomaba diferentes formas el hombre se acercó a una casa con unas cajas de fruta. Señaló unas cuantas frutas diferentes, y le dio la bolsa al dueño de la tienda, que puso algunas frutas dentro. Cogió de una bolsa colgando en su cinturón un par de monedas de plata, que soltó en la mano del dependiente mientras cogía la cesta, y se dirigía hacia la pescadería, donde compró un par de peces de tamaño considerable, los cuales puso en la misma cesta que la fruta. Tras eso, se fue de la aldea, otra vez hacia su cueva.

Llegó a la cueva. A la entrada de la misma la mujer observaba una piedra en medio de la nieve. El hombre pasó por su lado para entrar en la cueva. Dejó el cesto en una mesa de madera, y gritó a la mujer.

-¿Podrías reparar la comida?

El hombre ignoró varios comentarios de la mujer, y siguió descendiendo la cueva hacia su pequeño lugar de descanso.

El suelo era completamente plano, y en una esquina varias runas levitaban en un campo mágico. Una cama permanecía en la otra esquina, con una mesita de madera al lado. De la pared colgaban varios útiles de formas y colores extraños. Su hogar.

Tras varias horas de descanso, meditación y lectura de algún pergamino en la mesa-escritorio de su habitación, logró al fin oír el grito que tanto ansiaba desde hacía horas.

-¡La cena está servida!

El hombre se levantó lentamente, y andó hacia la mesa de madera donde había dejado la cesta antes. Ahora, dos platos adornaban la mesa. El hombre y la mujer tomaron asiento.

-Podrías haberme ahorrado ir a buscar eso. Los puedes hacer crecer a tu voluntad.- Dijo el hombre.

-En verdad no funciona así, es algo muy complicado.

-No, no lo és.

-Y requiere mucho esfuerzo y dedicación para hacerlo.

-No lo és, y me estás ignorando.

-Además, no me gusta quedarme sola aqui mientras tu vas a la aldea, yo tambien quiero conocer la gente del exterior.

-Mañana podrías venir conmigo.

-¿Enserio?

-Si, mientras te quedes en silencio y me dejes hablar. Me seguirás la corriente.

-Supongo que está bien.

No hubo mas conversación durante el resto de la comida. Al terminar, el hombre fue a su habitación y la mujer se puso a recogerlo todo.

Al dia siguiente

El hombre se levantó de la cama, cogió su bastón y se levantó. Andó hacia el colgador, cogió su capa y se la puso. Tras eso, subió cueva arriba, para encontrar en el exterior a un grupo de niños de la aldea le esperaba en el exterior.

-¡El jefe de la aldea le llama!- Gritaron los niños

-Bueno, id bajando que yo iré de aqui nada.

Los niños se fueron siguiendo el camino. De la nieve al lado del hombre salió la mujer, ya vestida.

-Tráeme una piedra lilacea de mi habitación.- Dijo el hombre

La mujer desapareció en la cueva, y volvió al cabo de unos minutos con una piedra lilacea que colgaba de una cuerda. El hombre tomó la piedra de las manos de la mujer, y la colgó en la parte superior de su bastón, que tenía forma redonda excepto por una parte que había un agujero. para colocar cosas en el interior del mismo. Colocó en el interior la cuerda, haciendola pasar por el agujero. Tras eso, el hombre y la mujer empezaron el descenso hacia la aldea.

Tras dos horas de descenso, llegaron a la puerta, donde un grupo de adultos lo recibieron preocupados. Le señalaron una casa de la cual provenían unos extraños gritos, y todos se dirigieron hacia allí.

-Quedaos fuera, abrid las ventanas y las puertas.

El hombre entró, subió la s escaleras y entró en la habitación. En la cama estaba atado el hijo del jefe, gritando en un lenguaje extraño.

-Nos volvemos a ver.

Una extraña voz le respondió:

-Quien lo diría.

La mujer observaba la casa, cuando se escuchó una explosión en el interior y de las ventanas empezó a salir un extraño humo verde. Por la chimenea y las puertas salía el mismo humo verde. De la puerta principal se vio un brillo purpuraceo, que se movía hacia el exterior. El hombre salió acompañando al hijo del jefe.

-Hecho.

El hombre indicó a la mujer que fuese a comprar pan y frutas. La mujer salió de la multitud y fue hacia la tienda de comida. Tras unas compras, la mujer volvió. El hombre lo esperaba en la puerta de la aldea, y los dos subieron hacia la cueva. El cristal que colgaba del bastón brillaba con un tono purpuráceo.

-¿Porqué brilla?- Preguntó la mujer.

-Porque dentro hay un demonio encerrado.

-¿Un demonio?¿Qué és eso?

-Un demonio es un espíritu que se ha extraviado de su camino.

-Oooh... ¿Y porqué son tan malos?

-Estarán perturbados, supongo.

-Hum...

No hablaron mas mientras subían la montaña. Al llegar a la cueva, la mujer y el hombre entraron en la cueva. La mujer dejó las cosas en la mesa y se desvaneció en el aire. El hombre, en cambio, se dirigió hacia su habitación, cogió una runa del campo mágico, la dejó en el suelo y la activó. Unos signos se grabaron en la piedra del suelo, mientras emitian un extraño brillo. Dejó la piedra en  el centro del círculo, se colocó a un lado, y empezó el ritual para volver a enviar el demonio al lugar del que venía. Durante unos instantes, una sombra salió del cristal y entró en el circulo, como fusionandose con el suelo. El círculo y el conjuro terminaron. El hombre cogió la runa, y la puso en el campo mágico. Tras eso, cogió la piedra lila, que había dejado de brillar, y la puso encima de la mesa-escritorio de su habitación. El resto del día prosiguió con normalidad.

A la siguiente mañana

-Ha llegado una carta.- Dijo la mujer

-Traemela aquí.- Gritó el hombre desde la pequeña cavidad que hacía de biblioteca, dentro de la cueva. Una pequeña llama verde iluminaba el lugar. La mujer entró y dejó la carta encima de la mesa, al lado del libro. El hombre leyó de quien venía la carta y el sello. La mujer no entendió el lenguaje, pero se parecía al que tenía el hombre marcado en su cuerpo y en su bastón. El hombre abrió la carta y retiró un papel plegado con cuidado, el cual estaba escrito en el mismo idioma que el exterior de la carta. El hombre la leyó para si mismo, y le dijo a la mujer que preparase ropa y comida, e ir a comprar al pueblo algunos suministros. La mujer salió de la cueva en dirección al pueblo. El hombre, en cambio, estaba en el exterior preparando un ritual de invocación. Tras terminarlo, dos bueyes estaban atados con cadenas a un carro de madera. El hombre envió una pequeña ave controlada mentalmente hacia la aldea con una nota al jefe avisando se su ausencia. La mujer salió de la nieve, con varias cestas llenas de suministros hasta arriba, que colocó en la parte trasera del carro. El hombre y la mujer subieron a la parte frontal, y marcharon lentamente por el camino hacia el sur.

-¿Donde vamos?- Preguntó la mujer

-Hacia el sur, tengo algo lo suficientemente importante que hacer como para salir de aqui.

-Oooh...

Tras la descripción del objetivo del viaje, prosiguieron por el camino tranquilamente, durante dos dias no hubo incidentes. Todo era terreno conocido. Llegaron al lugar del ritual. En medio de un lago helado, una isla nevada se levantaba en el centro. De la isla salia una pequeña columna de humod e una hoguera. Cruzaron el lago sin ningún problema, y dejaron el carro en la costa. El hombre y la mujer subieron por unas escaleras nevadas. Al final de ellas, había un pequeño templo al aire libre, donde varias personas descansaban y cocinaban en una hoguera mientras hablaban entre si. El hombre se aclaró la garganta, y habló:

-Compañeros... ¿Empezamos?

Todos se quedaron en silencio, asintieron, y se posicionaron en circulo alrededor del centro del templo, entre cuatro columnas. Todos se movían en perfecta sincronía mientras recitaban un idioma antiguo. De repente, el lago entero se vio atrapado en un circulo mágico, y una enorme sombra apareció. La sombra gritaba y esparcía palabras de un antiguo idioma. La mujer no entendía al demonio, pero tenía una sensacion de que seguirle estaría bien... Hasta que el demonio se vio atrapado en una espiral de almas. Debajo de la sombra se habían abierto varios agujeros de los que salían cadenas, que atraparon la sombra. La sombra rugía mientras el cielo se quebraba. Los nigromantes siguieron con el conjuro. Los magos levantaron todos un amuleto de sellado, cada uno de un color diferente. La sombra se fracturó al final, y cada parte quedó sellada en un fragmento de cristal de sellado. Todos los magos se levantaron, los cielos se recompusieron y el hechizo terminó. Todos se levantaron y se separaron tras decir un pacto sagrado en un idioma arcano. El hombre fue hacia la mujer, y ambos subieron otra vez al carro para coger algo de comida. Cogieron una de las cestas y la sacaron del carro, para llevarla cerca del fuego junto otras cestas de comida.

Los espiritus hablaban entre si sobre sus maestros, y los nigromantes sobre sus últimos descubrimientos en un pequeño banquete improvisado en el suelo. Tras el banquete y unas cuantas risas e anécdotas, Todos los nigroantes se fueron a sus respectivos transportes tras recogerlo todo y se marcharon en línea por el lago, para luego ir cada uno en una dirección. Volvían a casa.

Tras dos dias mas de viaje sin problemas, llegaron a la entrada de la cueva, donde se encontraron ung rupo de aldeanos que celebravan su regreso a la Aldea. La joya que contenía el fragmento de demonio del hombre brillaba con un tono lilaceo. Tras descargar el carro, organizar otra vez el interior de la cueva y asegurarse de que no faltase nada, el hombre se tumbó en su cama y se quedó ahi, tumbado, pensando hasta la hora de cenar.

La mañana siguiente, unos extraños viajeros habían llamado al Mago delante de la cueva. La mujer los observaba atenatamente. Eran altos, con la piel blanca y pelos de colores muy claros. El hombre salió de la cueva y los observó. Los saludó y habló con ellos un rato.

-Rähmn te bendiga.- Saludó el extrangero.

-Y a ti también. ¿Qué te trae por estos lugares?- Respondió el hombre.

-Estamos moviendonos. Los orcos tambien se mueven hacia el sur y nos vemos forzados a movernos.

-Podríais quedaros aquí.

-Ya lo hemos hablado con el jefe de la aldea, y nos permiten establecernos aqui. He venido a pedirte hogar junto a ti.

-Lo comprendo, y puedes pasar. Me ayudarás en un proyecto que estoy preparando.

-Entendido.

El visitante y su acompañante pasaron. El nigromante era alto, esquelético y tenía, como el hombre, ininidad de letras tatuadas en diferentes formas por todo el cuerpo, que estaba cubierto por una capa. Llevaba un bastón largo, terminado en media luna. De un hueco del bastón colgaba un cristal que brillaba con una luz rojiza.El espíritu que lo acompañaba era como su contraparte. Pequeña, el espíritu femenino llevaba una máscara blanca con una cara de una mujer en ella. Los rasgos de la máscara cambiaban según su estado de animo. Decorando su cabeza, dos cuernos de ciervo largos salían de entre su pelo. De los cuernos colgaban varias esferas, en el interior de ellas se podían ver diferentos elementos relfejados. Sus orejas eran, probablemente, de elfo debido a su parecido. Sus ropas eran de un color rojo intenso. El espiritu representaba los sentimientos positivos, o eso le había contado al hombre.

El hombre salió de la cueva, invocó unos pájaros esqueéticos, y les dio un mensaje. Tras eso, salieron volando en varias direcciones.

Al cabo de dos semanas

El valle estaba lleno de vida. 6 tribus guerreras, 2 tribus comerciantes y una tribu elfica. El hombre se dio la vuelta hacia la cueva, que había sido expandida para albergar los 12 nigromantes. Los 11 nigromantes de dentro estaban preparando un ritual. Tras terminar con los preparativos, los 12 nigromantes se sentaron en circulo, y empezaron a recitar antiguos cánticos en los que se repetía un nombre: "Rähmn". Tras una hora entera de recitar, se abrió un extraño blucle en el centro del círculo. La roca parecía un estanque de agua, que se obscureció. El estanque de visión conectaba directamente con el plano en el que habitaba Rähmn. Se podía ver como uno de los ojos de Rähmn estaba abierto mientras el otro estaba cerrado. Los 12 nigromantes observaron a su dios, otra vez. La cueva empezó a temblar cuando Rähmn acercó su mano al portal. Una sobra se formó entre la mano y el portal, cuando una gran explosión de magia oscura hizo retumbar el suelo del continente entero. Era la mágia en su estado mas puro, provenida del Dios mas extravagante de todos. Los doce nigromantes observaron como en la salida se oía un ruido de múltiples voces, pero sin definir un tono concreto. Se giraron para ver la masa de metales que flotaban cerca uno del otro. Entre los metales salía una extraña neblina oscura, y debajo de los mismos una gran sombra abría sus ojos. El Golem Oscuro había vuelto a la tierra tras tantos siglos.

-¿Y ahora?- Dijo un elfo encapuchado.

-Hacia el norte. Quiero investigar bien que ocurre en la costa del norte... No es normal el despazamiento de animales...

-¿Y tienes los permisos?

-Todos los permisos de todos los jefes de aldea, lideres de tribu que hay reunidos en este valle. Marcharemos ahora mismo.

Tras decir eso, cada uno de ellos fue a su habitación a recoger sus pertenencias. Fuera esperaba un gran convoy de gente, animales y suministros. Los nigromantes cargaron sus pertenencias en varios carros, subieron  a los mismos y marcharon. Entre la zona de los nigromantes, el Golem Oscuro se movía lenta pero pesadamente, emitiendo un rugido metálico de tanto en tanto. Los guerreros cantaban cánticos de batalla, de antiguas glorias, y de honor de batalla. Los nigromantes los acompañaban también en los cánticos. Por muy magos que fueran, ellos seguían habiendose criado ahi, y siempre será asi.

El golem se paró en seco obligando a la caravana a aturarse, y los doce nigromantes levantaron sus cabezas a la vez, entrando en un estado de trance. En el pecho del Golem se abrió un tercer ojo, oscuro con una pupila blanca y venas blancas, conocido como el "Ojo de Rähmn" y representaba el único punto débil del mismo, a su vez que era una conexión con el Castillo de Rähmn. Tras dos minutos de silencio absoluto, varias voces sonaron al unísono entre las montañas, haciendo sacurdir el suelo y el cielo a su paso. Rähmn empezaba a despertar.

-Sur.

Las voces repetían esa palabra durante cinco minutos mas, mientras la caravana daba media vuelta y se preparó para marchar hacia el sur.

-Demonios... Caos... Destrucción... Almas...

Las ultimas palabras de las voces solo sonaron una vez antes de que se apagasen, y la caravana marchó hacia el sur, con el Golem al frente guiandolos a todos. El ojo se cerró cuando las voces se silenciaron.

Esa misma noche

Los carros estaban en un circulo alrededor de una gran hoguera, donde varias mujeres cocinaban grandes animales peludos, pescado, o preparaban algunos platos de comida mientras los hombres hablaban entre si de peleas o actos heróicos. De la oscuridad, salió una sombra, que fue tomando color y forma hasta mostrarse completamente. La mujer tenía un bello rostro, con un ojo cubierto por un largo mechón de pelo. Su piel era clara, y llevaba una túnica blanca que terminaba separandose. En su espalda, dos pequeñas alas doradas flotaban separadas, pegadas a la espalda. En el pecho llevaba una placa dorada con el símbolo de Rähmn. Lo mas extraño sería que no tenía piernas, y levitaba por encima de la nieve.

-Hola...- La voz de la mujer era suave, y dulce a oídos de muchos de los guerreros. Sonaba casi como un espíritu.

-Hola, Adelia, que te trae por aqui?

-Rähmn está empezando a despertar. Pero es un despertar forzado... Aún no es el tiempo... Alguien está volviendo a reunir demonios en grandes cantidades... Pero por lo visto ya os habeis enterado...

-Si, lo hemos notado... Rähmn nos ha hablado...- Respondió el hombre.

-Quiero que veais esto... - Adelia creó un orbe mágico, donde se podía ver una habitación. Una sombra haciendo un ritual, e invocando a un demonio. Tras eso, el orbe mágico se cerró.-... Eliminad a esa persona...

Todos asintieron, y fueron rodeados por una luz. El campo mágico rodeó a todo el campamento, mientras el mechón de pelo se levantaba, mostrando un ojo de Rähmn en miniatura en el ojo derecho de Adelia. El Golem Oscuro reaccionó abriendo el suyo propio. El entorno cambió radicalmente. Se encontraban en lo que sería el interior de una gran cueva, donde treinta personas se reunían alrededor de varias tiendas de campaña interiores con vendedores de comida en su interior. En el centro de la gente, se levantó de la nada un pequeño montículo de roca, en el cual Adelia estaba "de pie". la gente se giró y se agolpó alrededor del montículo. El silencio se hizo evidente. Adelia se aclaró la garganta, y empezó a recitar un discurso.

-¿Que ha pasado?¿Quien es ella y de que la conoces?- Preguntó la mujer-espíritu al hombre.

-Nos hemos movido de lugar... Y ella és la suma sacerdotisa del culto a Rähmn, y la única persona que ha estado físicamente en el Castillo Oscuro de Rähmn, y ha hablado con el mismo. Posee un Ojo de Rähmn en su ojo derecho, que perdió durante una pelea contra una sacerdotisa de Eanis. A su vez perdió la parte inferior de su cuerpo cuando fue al Castillo Oscuro.

Adelia proseguía con su discurso:

-Y, en nombre de Rähmn, purgaremos a los demonios, permitiendole a Rähmn volver a su sueño. Despertará cuando recupere su poder, y nosotros iluminaremos la tierra en su nombre. Rähmn os bendiga!

Y las paredes se empezaron a deformar. En el techo encima de Adelia se abrió una espiral negra en el techo, mientras la realidad se rompía alrededor. Se pudo observar como dos esferas brillantes se abrían entre la oscuridad. Una de ellas medio-abierta y la otra completamente abierta. Un rugido extraño sonó en toda la cueva, y varias personas del grupo cayeron al suelo como si fueran simples sacos de carne sin vida, luego Adelia gritó en un tono furibundo:

-¡Traidores!¡Perded vuestra alma como falsos seguidores que sois, y Rähmn os ha castigado por ello!¡Sufrid en el Castillo Oscuro por toda la eternidad!

Y el portal desapareció junto a varias luces. La gente se alineó como soldados, poseídos por un frenesí religioso, y liderados por Adelia. La gente se había separado según su reino de procedencia.

Adelia cargaba un hechizo en su bastón, que levitaba cerca de su mano derecha. Tomó un trago de aire y proclamó:

-La intervención de Rähmn ha creado una gran onda mágica. Sería posible que los magos en todo el mundo lo hayan notado. Al fin y al cabo, Rähmn sigue siendo un dios... El Dios Durmiente...Y como tal, cada intervención en el mundo crea grandes púas de energía mágica que son capaces de alertar ejercitos enteros de una inminente invasión. Aunque, no será dificil si Rähmn colabora movernos cerca del objetivo... El reino del Norte puede ser MUY peligroso poara todos nosotros. Preparaos...

Una gran bola de color blanco salió del bastón de Adelia, iluminando por encima al grupo de seguidores de Rähmn. El Hombre y la Mujer miraban a su alrededor. Adelia lo tenía planeado. El Hombre sonrió, mientras la mujer observaba todos los magos a su alrededor.

-No sobrevivirán a tal cruzada... Morireis todos...- Dijo la mujer al hombre.

-Rähmn proteje, pero Rähmn es caprichoso... Además, tenemos el Golem Oscuro con nosotros... Adelia negociará con los feudos por donde pasemos... Ella és la única de nosotros que conoce mágia curativa, y su aspecto de maga sanadora le ha permitido abrirse camino hasta por el reino del Norte... Aún así, no la subestimes. Es mas poderosa que todos los presentes juntos. Ya el simple hecho de haber llegado al Castillo Oscuro con su forma material es muestra de su increíble poder. Y, además, al poseer el Ojo de Rähmn en su cuerpo, tiene acceso a una reserva casi-ilimitada de poder mágico, ya que el Ojo de Rähmn es un fragmento del mismo Rähmn. Eso no impide que si usase tal cantidad de energía, su cuerpo sería completamente desintegrado.

-Oooh...

-Aún no he terminado. Adelia posee además la habilidad de cambiar de magia curativa a magia ofensiva a voluntad. La forma que ves ahora es la que "permite" el uso de mágia curativa. Su poder ofensivo se ve ampliamente reducido, pero no es nulo, ni mucho menos. Actualmente, ella sería capaz de despedazarnos ahora mismo, y no dejar ni las almas en menos de un minuto. Tambien poseemos una arma secreta, que es el demonio que sellamos en el lago. Estos dias he estado reuniendome con los demás y negociando un contrato con el demonio. Tras aplicar el Contrato, Rähmn lo ha unido a su causa. Resulta que su nombre es Bazraal, y es conocido en el Mundo Demoníaco como el Señor del Lago de las Pestes. Creo que con el nombre te haces una idea de lo que se podría decir que es su "afinidad". Como cruzaremos un gran bosque tras cruzar el Reino del Norte, está decido que allí invocaremos a Bazraal para que se alimente lo suficiente como para tener poder ofensivo comparable al Golem Oscuro. Del cual también te hablaré un poco: El Golem Oscuro és una alma de un guerrero consagrado a Rähmn que lo ha servido suficientemente bien. Su alma es separada de su cuerpo, y puesta en un armazón de metal, se le aplica un Ojo de Rähmn y entonces ya tiene un Golem Oscuro. Solo se han creado diez Golems Oscuros en toda la Historia Conocida. En la frontera con el Reino del Norte nos esperan un grupo de guerreros expertos en el uso de varias armas de combate diferentes. Todos ellos pertenecen a la Orden del Señor de la Noche. Que es una clara referencia a la extraña decisión ancestral de Rähmn de quedarse dormido por voluntad propia.

Tras dos dias de marcha

-La frontera está en ese pueblo.- Dijo Adelia delante del grupo de magos, que se sentaron en un grupo al borde del camino mientras Adelia entraba al pueblo, y tardó 3 semanas en volver al improvisado campamento, llevando una hoja y múltiples barras de cera y una estampa. Estampó en la frente de cada uno una estampa con el sello de peligrosidad.

-Nos escoltaran un grupo de soldados hasta el siguiente feudo, donde tendremos que pedir otra petición de paso. Prohibido el uso de magia destructiva a no ser que sea estrictamente necesario.-Dijo Adelia.

Tras unas horas de marcha

-¿Es necesario hacer todo este camino?-Preguntó la Mujer.

-Lo es, es necesario moverse hasta que Rähmn se decida a actuar. Hm... ¿Que es eso?- Dijo el Hombre señalando un papel en un poste, al cual se acercó, arrancó, y leyó. ¿"Duelo de honor"? Hace mucho que no veo algo de eso... Pero parece que queda lejos, y no podemos permitirnos perder tiempo.

El hombre arrugó el papel, y lo tiró al suelo.

-Oye, Adelia.- Dijo el hombre

-¿Que quieres?

-Acamparemos aquí, hace frio y está haciendose de noche.

-Vale.

Tras un més de viajes entre varios feudos.

-La frontera está en ese pueblo.- Dijo Adelia, adelantandose junto al Golem Oscuro. Los soldados y los magos se quedaron atrás, esperando. Al cabo de 5 minutos se oyó un rugído metálico, el suelo empezó a temblar y los edificios a arder. La gente huía y los soldados entraron corriendo al pueblo a ver. Estos observaron horrorizados como la ropa de Adelia había cambiado a un negro oscuro, mientras las marcas azules en la misma se habían vuelto lilas. Sus alas estaban plegadas en su espalda. Ella estaba lanzando llamas y haciendo arder los edificios, mientras que el golem masacraba y destrozaba a los que se acercaban a la sacerdotisa. Los magos acudieron también, en ayuda de Adelia. Tras limpiar el pueblo,  el Golem se retiró a patrullar los restos carbonizados del pueblo. Los 12 nigromantes amontonaron sus gemas que cantenían fragmentos del demonio en el suelo, y empezaron a marcar varios símbolos en el suelo. Tras terminarlos, empezaron a liberar al Demonio. La sombra empezó a tomar forma lentamente.

El demonio terminó de tomar forma. Sus ojos sangraban y un símbolo estaba marcado a la mitad por su frente.

-Algo va mal.- Dijeron los Nigromantes a coro. El cuerpo de Adelia impezó a rbillar, y desapareció en un orbe de luz que se evaporó en el aire. Su ropa cayó al suelo, el símbolo de Rähmn en la frente del demonio se terminó y la sangre dejó de caer por sus ojos.

Dos semanas de viaje liderado por el golem

Casi todos habían muerto de una extraña enfermedad desde la muerte de Adelia. El hombre cayó al suelo debilitado. Era el último que quedaba vivo, y ahora se moría.

-¡Oh, porfavor, tu tampoco te mueras!- Gritó la mujer al hombre

-Coge esta piedra y llevala a mi habitación.-Y el hombre le dio una piedra a la mujer, luego el cuerpo desapareció en una nube de humo verde.

La mujer de repente cayó en una espiral de oscuridad. Su alrededor cambió de forma al cruzar forzosamente el portal: Las negras paredes de su alrededor se levantaban hasta un techo que no se alcanzaba a la vista, cubierto en la oscuridad permanente. Del techo colgaba la enormidad de una figura humanoide atada con millones de cadenas. Enormes columnas negras grabadas con todos los hechizos que exisían, existen o existirán jamás en la historia. Cientos de miles de motas de un polvo negruzco surcaban el aire haciendo formas imposibles. Millares de espectos de todos los tipos flotaban pegados a la pared, sin importarles la gravedad. Delante de la mujer había un enorme trono en el cual reposaba una enormidad adormilada. La figura era enorme y cubierta completamente en la oscuridad mas absoluta que jamás se pudiera llegar a ver a través de cualquier ojo. La mujer retrocedió lentamente estupefacta.

Rähmn, el Dios que duerme, la Sombra, el Anciano. Se le conocía por muchos nombres, aunque ninguno de ellos lograría plasmar el aspecto imponente del Dios. Rähmn era una masa de magia pura de cintura hacia abajo. La parte superior era de aspecto mas humanoide. Alrededor suyo, millones de motas de polvo negro flotaban a su alrededor, para luego separarse y esparcirse por el castillo. La mujer paró, cuando el Dios movió hacia ella una mano.

-En mi presencia se encuentra el nuevo mensajero de la palabra de Rähmn. Yo te declaro mi portavoz, y bajo la mirada de tus ancestros, yo marcaré en ti tu señal de por vida. Tu cuerpo será recuperado del sello eterno, y el ser sellado pasará a ser tu guardián inmortal.

Tras esas palabras de Rähmn, la mujer fue transportada por un portal hacia la cueva en las montañas del Reino del Hielo. Observó sus manos, otra vez viva. En el dorso notó un gran dolor que augmentaba de intensidad. La piel se abrió en el dorso de cada mano, mostrando un ojo negro con iris y venas blancas. La marca de Rähmn. La piel de sus manos se volvió negra como la media noche, y sus venas se volvieron blancas. A partir de la muñeca, la piel no cambió de color. Andó hacia el exterior, donde oía rugidos. Delante suyo, una espiral de oscuridad yacía en el suelo. La mujer observó el interior, donde una enorme sombra se movía pesadamente. Del portal salió disparado una piedra que se clavó en el hombro de la mujer. La piedra adquirió un tono rojizo como la sangré, y se fundió con la piel, desapareciendo en la misma. La mujer observó su alrededor, y luego empezó a andar por el camino que tanto se conocía.

Tras varias horas de andar

La mujer andó hacia el interior del pueblo. Observó delante suyo como un vagabundo, apoyado en la pared de una taberna, pedía caridad a los transeuntes. La mujer se acercó a el y observó atentamente su atuendo.

-¿Sabes luchar?- Preguntó la mujer mientras le ofrecía una mano para ayudarle a levantarse.

-Obviamente que si.-Respondió el vagabundo, tomando la mano de la mujer y levantandose.

-Pues vamos, me vas a ser útil.

-¿Por que me arrastras contigo?

-¿Sabes luchar,no?

-Obviamente que si.

-Pues me ayudarás. ¿Sabes de alguien que nos ueda dar algo de dinero?

-En la taberna hay algunas personas que puedan interesarte.

-Pues llevame ahi. Por cierto, ¿Como te llamas?

-Mi nombre es John, ¿y el tuyo?

La mujer no respondió, solo agachó la cabeza.

En la taberna

La mujer se sentó en una mesa, junto a John, y escucharon a las conversaciones cerca suyo.

-¿Que escuchas?- Preguntó John

-Problemas con monstruos... Un secuestro.- Respondió la mujer mientras se levantaba y andaba hacia una mesa donde varias personas estaban sentando animando a una mujer que tenía las manos tapandole la cara. Pedía ayuda a todos los que pasaban. La mujer se acercó y habló con la madre. Tras unos minutos, la mujer volvió tras varios minutos de diálogo.

-A las montañas del este, al lado de la aldea. Ahi se llevaron a su hijo.- Dijo la mujer a John.

-¿Algo mas?- Respondió este curioso.

-Nada mas.

Y ambos salieron del sobrecargado local hacia las montañas del este.

4 horas de viaje

La mujer observó los alrededores. Algo iba mal, muy mal, y les seguía alguien. La mujer se giró y observó a un guerrero con la espada desenvainada, andando hacia los dos. La mujer desenvainó su espada, lista por si las cosas se torcían. Al acercarse, la mujer se ajustó el casco, y ambos levantaron sus espadas. La mujer y el misterioso guerrero se miraron mutuamente. El guerrero intentó cortar en lateral a la mujer, la cual bloqueó el corte con su propia espada, para luego golpear con el hombro al guerrero y apartarlo.

-¿Quien eres?- Dijo la mujer al guerrero.

La mujer observó el traje del guerrero mas detalladamente, en busca de algo que lo identificase. El arma, la armadura... Nada.

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