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Un hombre se sentó en el interior de un autobús destrozado y abierto, para luego sacar una hoja de papel algo desgastado, carraspeando antes de leerla.

A cualquier persona que haya sobrevivido a la plaga:

Diríjase a uno de los puntos seguros que el ejército ha marcado en la zona, absténgase de realizar contacto físico con cualquier persona o animal que tenga un aspecto anormal de cualquier tipo.

Si lo ha tenido, asegúrese de no haber sido mordido o de haber intercambiado o recibido cualquier fluido corporal con él, sobre todo si tiene algún tipo de herida abierta.Leyó, el resto estaba demasiado desgastado y sucio como para leer lo que seguía, le dio la vuelta a la hoja y vio garabateada con tinta de algún rotulador negro un mensaje, adornado con gotas de sangre secas.

NO VAYAIS A LOS PUNTOS SEGUROS,¡¡¡¡YA NO EXISTEN!!!! el hombre había visto muchos, conoció a un tipo que dijo haber visto lanzarlos desde un helicóptero hacía ya unos cuantos meses.

Un rugido recorrió el aire e hizo erizarse los pelos de todo el cuerpo del hombre, que preparó su rifle de asalto, era una AK, y sabía por experiencia que ese tipo de arma era de las mas fiables que existían, o por lo menos eso era lo que él creía, no entendía practicamente nada acerca de armas, de hecho su rifle y su pistola eran utilizables de pura suerte gracias a un mantenimiento improvisado mal realizado, apunto a través de una de las ventanas sin cristal del vehículo en dirección a lo que había provocado el ruido, viendo sobre el techo de un coche de color azul cielo ahora con descolchones de óxido en la pintura, a una criatura que estaba erguida sobre cuatro patas y que olisqueaba el aire, parecía una especie de cruce gigante entre un lobo y una rata, tenía una cola larga y rosada que destacaba sobre el vehículo, el hombre miró a través de la mira que había puesto a su arma y vio una cabeza parecida a la de un ratón deformado, tenía un pelo gris blanquecino con varias calvas a lo largo de la tripa.

La bestia aulló y miró en dirección al hombre, corriendo lo mas rápido posible hacia el, entonces el hombre se preparó y disparó una ráfaga, dos tiros fallaron, pero los dos restantes impactaron contra la criatura, que corría con sus cuatro patas como si los proyectiles nunca la hubieran herido, disparó otra, esta le dio de lleno, uno de los disparos parecía haber dado en la cabeza, abatiendo a la bestia mientras todavía corría, haciéndola tropezar y rodar hacia el autobús, para detenerse a unos pasos de este.

-Que mierda, otra de estas cosas, pensaba que este sitio estaba desierto.-Dijo para sí el hombre en voz alta, que echaba su AK al hombro, para luego abandonar la calle con paso firme, mirando de reojo a la bestia que le hizo desperdiciar balas.

El hombre llegó a un almacén, estaba dañado, el techo estaba agujereado por un bombardeo de los militares cuando las cosas se descontrolaron, para ir a una garita, antaño era utilizada por guardias de seguridad para vigilar quién entra, pero ahora, con las ventanas reforzadas con unas rejas que el hombre había encontrado y con un pesado objeto metálico que tenía para atrancar la puerta, ese era el nuevo hogar del hombre.

Atrancó la puerta con la taquilla metálica, la había rellenado lo mejor que pudo con tuberías de hierro y otros objetos así de pesados, pero merecía la pena el saber que lo protegerían de cualquier cosa, o que le daría tiempo para prepararse.

Se sentó en la silla que había encontrado dentro de la garita y se puso junto a la mesa, estaba llena de los objetos que el hombre había encontrado en viajes a barrios cercanos, aunque no se atrevía a llegar mas allá de las afueras, el centro de la ciudad había sido presa de un ataque biológico por parte de terroristas, o eso dijeron y mantuvieron las noticias hasta que el flujo de información televisada se cortó.

Abrió la mochila que había llevado a su búsqueda de suministros y dejó caer el contenido sobre la mesa.

-Y he perdido balas por esto, genial.-Dijo el hombre en voz alta mientras miraba las dos latas de judías sin abrir y la de melocotones, también habían unas cinco botellas de alcohol y medio rollo de vendas, pero eso no solucionaba la poca munición que había encontrado, el hombre cogió un abrelatas que había encontrado días atrás, cuando la poca comida fresca en condiciones se había acabado o podrido, sabía que podía serle útil, se alegró de saber que así era.

El hombre miró hacia la ventana enrejada en la que se veía la entrada, hundió el abrelatas en su cena de judías frías y la abrió, para luego coger una cuchara de las que había encontrado y hundirla en la pasta marrón.

Un rugido mecánico hizo despertarse al hombre, que se levantó del suelo quejándose en voz baja, para ver a través de la ventana una camioneta parada junto a la valla de la propiedad, de ella salieron tres personas, dos de la cabina y una de la parte de atrás.


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